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La diferencia entre un frenillo sublabial y un labio normal

Publicado el viernes, 25 de agosto de 2017. Revisado el viernes, 25 de agosto de 2017.
Autor: Bobby Ghahery

La gran mayoría de los lectores de esta web muestra interés sobre los problemas relacionados con la lactancia materna. Ya he hablado con anterioridad de muchos de sus síntomas: dolor, escaso aumento de peso, mal agarre, reflujo, etcétera. A medida que creamos más conciencia en lo que se refiere al frenillo sublingual y sublabial, más madres comparten sus experiencias. A menudo subestimamos el poder que tiene compartir un estado de Facebook, dar "me gusta" a una página o twittear información.

A veces, las madres encuentran información en las redes sociales que captan su interés, incluso cuando no tienen ningún problema concreto con la lactancia materna. Es común que suceda cuando ven una imagen de un frenillo sublabial. Ya he escrito anteriormente sobre cómo el frenillo labial superior (FLS) puede afectar a la lactancia materna. Las fotos de frenillos gruesos o tirantes parecen destacar por encima del resto. No es raro que las madres vean estas fotos y después vayan a mirar bajo los labios de sus hijos. Algunas se sorprenden al encontrar lo que les parece un frenillo sublabial. Algunas vendrán a verme para tratarlo; otras me enviarán un correo electrónico en busca de consejo. Espero que este artículo aclare algunos malentendidos para evitarles a esas madres preocupaciones innecesarias.

Los profesionales que diagnosticamos y tratamos FLS usamos un sistema de clasificación para describir dónde se inserta el frenillo. Los frenillos sublabiales de tipo 1 (es decir, con poca o ninguna inserción visible) son bastante raros. Hasta la fecha, he visitado a más de 1.500 bebés y aún no he visto ningún frenillo de tipo 1. Un FLS de tipo 2 se insertará en algún lugar de la encía por encima del borde. Un FLS de tipo 3 se insertará en el borde de la encía, adyacente a una estructura llamada papila anterior. Por último, un FLS de tipo 4 se insertará en el paladar duro.


Frenillo tipo 2 (no se observa restricción, buen acoplamiento)


Frenillo sublabial tipo 3 (se observa restricción central).


Frenillo sublabial tipo 4 (se observa restricción central, hendidura en el hueso).

Este sistema de clasificación solo describe la anatomía y no determina la gravedad, como lo haría una clasificación de estadificación de cáncer. Un FLS de tipo 4 no es "peor" que un FLS de tipo 3; lo que importa es el grado de restricción. Este grado de restricción puede determinarse al sujetar el labio y tratar de elevarlo, imitando el movimiento del reborde necesario para lactar. Una IBCLC (International Board Certified Lactation Consultant por sus siglas en inglés - Consultora de Lactancia Certificada) puede evaluar la acción del labio sobre el pecho.

Por tanto, lo más importante es saber que la clasificación que se usa para describir la inserción del frenillo sublabial en la encía puede describir también un labio normal. Recibo muchos correos pidiendo consejo sobre un «frenillo sublabial de tipo 3» en situaciones en que ni el bebé ni la mamá experimentan ningún problema de lactancia materna. En este caso, el bebé tiene un labio normal de tipo 3.

Este vídeo muestra cómo un labio normal puede tener una inserción de tipo 3 sin ninguna restricción (el bebé está dormido durante el examen).

Para aclarar la diferencia, podemos fijarnos en un importante estudio que se realizó en Suecia en 1994 por Flinck y colaboradores. Este estudio examinó a 1.021 recién nacidos con resultados orales normales durante 8 meses. Estos bebés observados no tenían ningún problema en concreto. De estos 1.021 bebés, sólo 68 (6,7%) presentaban inserciones «bucales» de frenillo (es decir, de tipo 1 ó 2), 782 (76,7%) presentaban inserción de tipo 3 y 170 (16,7%) de tipo 4.

A la luz de los resultados, mantengo que el lugar donde el frenillo se inserta en la encía NO PUEDE SER un factor decisivo para asegurar si restringe o no. Si fuera así, el estudio de Flinck justificaría el tratamiento en el 93% de los bebés y sabemos que tal número no puede ser correcto.

Si se observa restricción y que la restricción es causada por el propio frenillo, el tratamiento sí se justifica. Pero, ¿en qué otras situaciones, no habiendo problemas de lactancia, sería recomendable el tratamiento? Los dos casos más comunes son la caries dental y la separación central entre los dientes (diastema).

Existe un importante estudio con respecto al frenillo sublabial y la caries dental realizado por el Dr. Larry Kotlow. En este estudio, se asocia la presencia de un prominente frenillo labial maxilar a la caries dental prematura de los dos dientes a cada lado del frenillo (los incisivos maxilares centrales y laterales). Lo más probable es que esta desintegración prematura se deba a que un frenillo prominente puede permitir que se acumulen desechos, que funcionarían como depósitos para la proliferación de las bacterias. Por mi experiencia, los que más riesgo conllevan son los frenillos que forman una especie de capuchón (como un toldo sobre un patio). Puesto que la mayoría de los niños presentan frenillos de tipo 3 ó 4, y aun así no padecen ningún deterioro dental prematuro, no lo trato de manera preventiva. Creo que es una mala práctica. No así si la descomposición es evidente, en cuyo caso es necesario el tratamiento.

Con mucha más frecuencia se me consulta sobre el diastema central o la separación de los dientes frontales. A algunos padres les preocupa mucho que pueda darse esta separación y me han traído a revisar bebés asintomáticos incluso antes de que le salgan los dientes. Lo normal es que la separación se note una vez salgan los dientes frontales. No me gusta intervenir en el frenillo en esa etapa, ya que la separación puede ser temporal. A medida que salen más dientes, los incisivos pueden rotar hacia delante y la separación desaparecer sin necesidad de ninguna intervención. Prefiero esperar hasta que hayan salido todos los dientes antes de decidir sobre una posible intervención. Obviamente, existen excepciones, como por ejemplo un frenillo especialmente grueso o un FLS que tire del borde de la encía con tanta fuerza como para causar una muesca que provoque una separación permanente, circunstancias que necesitan tratamiento. Otro caso en que convendría tratamiento se da cuando el niño sufre dolor por traumatismos menores recurrentes, comiendo o cepillándose los dientes, por ejemplo. De cualquier forma, es importante tener en cuenta que tanto un frenillo sublingual como un labio normal pueden causar una separación entre los dientes. A menudo tiene que ver más con que exista el tejido que con la tensión que el tejido pueda ejercer. Por último, es importante que los padres entiendan que la liberación de un frenillo que cause separación no implica que la separación vaya a desaparecer. El espacio interdental reviste mucha más complejidad que la simple presencia o ausencia de un frenillo bajo. Si los padres quieren liberar el frenillo para «evitar los brackets» deben tener en cuenta que no existen garantías debido a las múltiples causas del espaciamiento anormal.


Un frenillo normal puede actuar como un espaciador entre los dientes, como cuando se cierran sobre ti las puertas del ascensor. La mera presencia de tejido (como el hombre de la camisa roja) puede mantener los dientes separados. Un frenillo sublingual anormal puede añadir presión para mantener los dientes separados, igual que alguien que usa la fuerza para mantener las puertas del ascensor abiertas. Tanto un labio normal como un frenillo sublingual pueden causar un hueco entre los dientes.

Si bien algunos pueden argumentar que se trata de una cuestión semántica, pienso que es importante aclarar la distinción. Cuando los padres se dan cuenta de que consideramos normal la condición bucal de su hijo, la posibilidad de no tratarlo es mucho menos estresante. Mi meta es asegurarme de que estamos liberando el frenillo indicado por las razones apropiadas.


Sobre Bobby Ghahery
El Dr. Bobby Ghaheri es otorrinolaringólogo y cirujano, y es uno de los pioneros en el tratamiento de frenillos mediante láser.

Documentos de Bobby Ghahery publicados en Crianza Natural

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