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¿Qué hay de malo en la crianza estricta?

Publicado el jueves, 27 de julio de 2017. Revisado el jueves, 27 de julio de 2017.
Autor: Laura Markham

La investigación demuestra que la mayoría de la gente piensa que una crianza estricta produce hijos mejor educados. Sin embargo, los estudios de investigación sobre disciplina coherente muestran que, en realidad, la crianza de estilo estricto o autoritario provoca que los niños tengan una menor autoestima y se comporten peor que otros, y que, por lo tanto, reciban más castigos. Es decir, una crianza estricta parece ocasionar problemas de conducta en los niños. ¿Por qué?

  • La maternidad/paternidad estricta priva a los niños de la oportunidad de interiorizar la autodisciplina y la responsabilidad.
    Los límites rígidos pueden controlar temporalmente la conducta, pero no ayudan a que un niño aprenda a autorregularse. Por el contrario, los límites rígidos desencadenan una resistencia a asumir la responsabilidad por uno mismo. No existe herramienta interna más valiosa para los niños que la autodisciplina, pero se desarrolla a partir de la interiorización de unos límites amorosos. A nadie le gusta ser controlado, por lo que no es raro que los niños rechacen los límites que no son empáticos. Ven el "lugar de control" fuera de sí mismos, en lugar de querer comportarse.
  • La crianza autoritaria (límites sin empatía) se basa en el miedo. Enseña a los niños a intimidar.
    Los niños aprenden lo que viven y el modelo son sus padres, ¿verdad? Bueno, si los niños hacen lo que quieres porque te tienen miedo, ¿por qué no van a intimidar? Si gritas, gritarán. Si usas la fuerza, usarán la fuerza.
  • Los niños criados en base a una disciplina punitiva tienden a la ira y a la depresión.
    Esto es debido a que la crianza autoritaria enseña a los niños que una parte de ellos no es aceptable, y que los padres no están ahí para ayudarles a aprender a lidiar con esos sentimientos difíciles que los llevan a actuar. Se quedan solos, tratando de resolver por sí mismos cómo superar sus "bajos" impulsos.
  • Los niños criados de manera estricta aprenden que el poder siempre es correcto.
    Aprenden a obedecer, pero no aprenden a pensar por sí mismos. En el futuro, no cuestionarán la autoridad cuando deban hacerlo. Son menos propensos a asumir la responsabilidad de sus acciones y están más dispuestos a seguir al "grupo de iguales", o a esquivar la responsabilidad alegando que solo estaban tratando de "seguir las órdenes".
  • Los niños criados con disciplina férrea tienden a ser más rebeldes.
    Los estudios demuestran que los niños sometidos a un estilo de crianza estricto tienden a estar más crispados y ser más rebeldes en la adolescencia y juventud. Para conocer las causas piensa en cómo nos ha funcionado a la mayoría de los adultos. Prácticamente todos nosotros hemos sido criados con un cierto grado de dureza, nos irritamos ante ello (¡incluso cuando somos los que la imponemos!) y acabamos teniendo problemas para regularnos a nosotros mismos. A veces aparece en forma de enfado y resentimiento ante cualquier límite o crítica percibida, o haciendo que reaccionemos de forma excesiva cuando creemos que alguien nos dice qué hacer. A veces se manifiesta en rebeldía contra los límites que nos autoimponemos. Por ejemplo, podemos morirnos de hambre con una nueva dieta y luego rebelarnos dándonos un atracón. (Y no es de extrañar, los estudios demuestran que los hijos de padres estrictos son más propensos a tener sobrepeso.)
  • Puesto que se incentiva duramente a los niños a "portarse bien" mientras estamos delante, se meten en más problemas.
    También se convierten en excelentes mentirosos.
  • La crianza autoritaria socava la relación entre padres e hijos.
    Los padres que se relacionan punitivamente con sus hijos tienen que coartar su empatía natural por ellos, lo que hace que la relación sea menos satisfactoria para ambas partes. La crianza también se vuelve mucho más difícil para estos padres porque sus hijos pierden el interés en complacerlos y se vuelven mucho más difíciles de manejar. La crianza estricta causa padres infelices y los niños criados estrictamente terminan peleando con sus padres y sintiendo esa espinita clavada. Y, a medida que van creciendo, buscan el amor en todos los lugares equivocados.

La conclusión es que el autoritarismo no funciona para el buen comportamiento de los niños; de hecho, sabotea todo lo positivo que hacemos como padres e incapacita a nuestros hijos en sus esfuerzos por desarrollar la autodisciplina emocional.

¿Y qué funciona entonces? Muchos estudios demuestran que hay otra manera mejor de crianza a la que se denomina "autoritativa". Sin embargo, no me gusta esa palabra porque suele confundirse con "autoritario" (ambos términos no significan lo mismo). Yo la llamo crianza de "límites empáticos" para evidenciar que establecemos límites, al igual que los padres autoritarios (estrictos), pero con empatía, al igual que los padres permisivos. Los niños adquieren los límites y las expectativas apropiadas para su edad, pero solo si se les enseña con empatía.

Pero es importante señalar que no se trata de un punto medio y feliz entre lo permisivo y lo estricto. Ese enfoque medio tiende a comprometer las normas de maneras que no son buenas para los niños ("Vale, puedes quedarte despierto hasta más tarde"), mientras sigues usando castigos suaves como "tiempos fuera" (pero que, aun así, es un castigo). En otras palabras, no es bueno para los padres ni para los niños, a pesar de no ser tan malo como lo autoritario o lo permisivo. ¿Por qué? Porque los padres se sienten obligados a saltarse sus normas por una parte y, por otra, los niños no terminan de portarse bien (porque aún se usa el castigo).

Lo que realmente se busca son las expectativas y los límites que mantienen una buena funcionalidad, combinados con la calidez y el apoyo de lo permisivo. Esa combinación de empatía y límites es la clave para educar niños maravillosos y criar de la mejor manera.

¿Quieres conocer la investigación detrás de este enfoque? Mi recurso favorito es el índice del maravilloso libro de Alfie Kohn, Crianza Incondicional, que enumera cientos de estudios revisados por investigadores que apoyan esta opinión. Es una investigación minuciosa. La refiero aquí porque el lector obtendrá una sinopsis de la investigación revisada por compañeros de un académico creíble, y las fuentes para rastrear los estudios, si lo desea.


Sobre Laura Markham
La Dra. Laura Markham es Psicóloga Clínica por la Universidad de Columbia y madre de dos hijos. Es la editora del portal AhaParenting.com y colaboradora habitual de otros sitios web sobre crianza.

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