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¿Qué hacer cuándo muerden al mamar?

Publicado el martes, 19 de enero de 2016. Revisado el martes, 19 de enero de 2016.
Autor: Patricia López Izquierdo

En ocasiones, los bebés muerden al mamar. Incluso antes de tener dientes, pueden apretar con fuerza las encías y hacer mucho daño en el pecho. Esta circunstancia podría ser un signo de dificultad de succión, o bien simplemente algo pasajero. Cuando ya tienen dientes, el daño puede ser mayor, aunque en este caso suele tratarse una fase. Aun así, es bueno saber cómo evitarla.

En primer lugar convendría observar al bebé cuando muerde e intentar buscar una causa o, al menos, una pauta que se repita. A menudo lo hace por jugar y cuando ya no tiene hambre. Cuando insistimos en que mame sin que tenga realmente ganas o practica la succión no nutritiva, suele divertirse y reírse mucho al morder, y aún más si le reñimos por ello. Es como un juego divertido. Otras veces, al quedarse dormidos cierran la mandíbula inconscientemente y, si pillan el pezón en medio, este queda atrapado y dolorido.

En esta etapa, suele ser de ayuda estar muy atentas al bebé durante toda la toma y, al advertir que cambian de expresión y están prestos a morder, cambiar rápidamente su posición y acercarlos bien a nosotras, con objeto de que entre más porción de pecho en su boca y tengan que abrir la mandíbula en lugar de cerrarla para morder. Es importante resaltar que el objetivo de esta maniobra no es taparles la nariz ni achucharlos para que no respiren, sino conseguir que no puedan apretar los dientes. Ha de hacerse con suavidad pero con firmeza.

Un consejo clásico es retirarlos del pecho cuando nos muerdan y decirles que NO, firme y seriamente. Es una buena idea, pero, muy a menudo, solo lograremos una carcajada como respuesta y que se se dispongan a mordernos de nuevo. También es posible que se asusten por el tono de voz elevado o el propio movimiento brusco que hagamos al retirarlos, lo cual puede desencadenar, llanto, miedo y rechazo posterior. Por eso, lo mejor es estar muy atentas e intentar evitar el mordisco.

Según la edad que tenga, el niño puede entender mejor o peor nuestras explicaciones sobre el asunto, pero siempre es bueno dárselas. Comunicarnos con ellos, tanto de forma verbal como no verbal, es muy importante.

Como decía, la fase de los mordiscos es una parte más de la lactancia que también pasará. Si, por desgracia, llegamos a sufrir una herida por sus dientes que sangre y que podría infectar, es conveniente limpiarla bien con agua o suero y aplicar un antiséptico suave, como la clorhexidina. Si el dolor es muy agudo, lo mejor es dejar descansar el pecho herido durante algunas tomas, o incluso varios días, extrayéndonos la leche a mano de ese lado hasta que se cure.

Otra situación similar a la de los mordiscos se produce cuando los niños de dos o tres apoyan los dientes incisivos en la areola al mamar, dejando incluso las marcas y una sensación muy desagradable en la madre. En estos casos, se puede intentar explicar al niño lo que ocurre y procurar que abra mucho más la boca al mamar para que sus dientes no incidan en ese punto. Cambiar de postura y posición también suele ser útil en estos casos.


Sobre Patricia López Izquierdo
Patricia López Izquierdo es veterinaria e IBCLC.

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