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Mastitis: Preguntas y respuestas

Publicado el lunes, 23 de marzo de 2015. Autor: Arantza Gómez de Segura

¿Qué es la mastitis?
Es la inflamación de alguno de los lóbulos de la glándula mamaria acompañada o no de infección. Cuando la causa es infecciosa, se ha producido una alteración de la diversidad bacteriana en la glándula mamaria.

¿Qué síntomas puedo tener?
Las mastitis agudas, que son más fáciles de diagnosticar, cursan con el pecho muy enrojecido, dolor, tumefacción e induración. Se acompañan en un gran número de casos de fiebre, escalofríos, dolores musculares, articulares, malestar general e incluso naúseas y vómitos. Sin embargo, son las menos frecuentes (menos de un 10 % de las mastitis diagnosticadas).

La sintomatología de las mastitis subagudas cursa con inflamación local (dolor e induración), en general sin zonas de enrojecimiento en el pecho y sin síntomas sistémicos. Son muy característicos los pinchazos y la sensación de quemazón en la zona del pezón. Son las más frecuentes, alrededor del 90% de las mastitis diagnosticadas.

Las mastitis subclínicas se caracterizan por una falsa sensación de poca producción de leche, y cursan sin dolor en la zona. Podemos tener un único pecho afectado o los dos, ya que se trata de glándulas mamarias independientes. Tanto las mastitis agudas como las subagudas pueden ir acompañadas o no de grietas en la areola mamaria o pezón, causadas por bacterias epidermiolíticas presentes en la leche o glándulas de Montgomery. En ocasiones, también podemos observar las propias obstrucciones en los orificios del pezón: son las denominadas perlas de leche. En la formación de estos biofilms bacterianos colabora el calcio presente en la leche.

¿Qué ocurre en el pecho cuando tengo una mastitis aguda?
Normalmente el agente causal en estas infecciones suele ser el Staphylococcus Aureus. Cuando prolifera en la glándula mamaria puede sintetizar toxinas que provocan una gran inflamación del tejido mamario, dando lugar a importantes síntomas locales (pecho rojo y caliente). Parte de las toxinas pasan a la circulación sanguínea, provocando un cuadro muy similar al de una gripe (escalofríos y fiebre). También pueden crear espesos biofilms en los conductos galactóforos, que explicaremos más detalladamente en el siguiente apartado.

En un porcentaje pequeño de casos, pueden aparecer abscesos ya que nuestro organismo reacciona tratando de encapsular el agente causal de la infección. La piel suele estar muy enrojecida, caliente, incluso descamada y la deformación del pecho suele ser visible. Cursan con fiebre elevada.

¿Qué está ocurriendo en el pecho cuando tengo una mastitis subaguda?
Hay un sobrecrecimiento de estafilococos coagulasa negativos (Staphylococcus Epidermidis), estreptococos del grupo viridans/mitis (Streptococcus Mitis o Streptococcus Salivarius) o Corynebacterias. Son bacterias habitualmente presentes en la glándula mamaria pero a bajas concentraciones. Al sobrecrecer forman densos biofilms en los conductos galactóforos. Este hecho conduce a una inflamación del epitelio mamario que rodea al conducto. La luz del conducto es cada vez más estrecha por la presencia de ese biofilm, lo que dificulta el paso de la leche, ejerciendo presión. Como la presión se produce sobre el epitelio inflamado, la mamá describe su dolor como pinchazos o calambres.

El biofilm de bacterias puede incluso llegar a obturar por completo el conducto galactóforo, lo que se manifiesta con retención de leche (ingurgitación), empeorando los síntomas locales con zonas endurecidas y dolorosas. Esto hace que la leche tenga más dificultad para salir, no sale con tanta presión ni por varios canales a la vez, con lo que es muy típico que el bebé se enfade al mamar o que realice tomas muy largas y frecuentes.

¿Cómo sé si tengo mastitis?
Cuando el cuadro clínico es muy evidente (mastitis agudas: pecho rojo y fiebre elevada), la exploración física nos conduce a un diagnóstico de mastitis. Sin embargo, el diagnóstico de las mastitis subagudas y subclínicas no es posible con un examen visual de la zona afectada. ¿Qué tengo que hacer entonces?

El análisis microbiológico de la leche (cultivo de leche) es el único medio posible para obtener un diagnóstico etiológico, siendo necesario asegurar que la recogida y conservación de la muestra de leche se realice de manera correcta. Este cultivo de leche proporciona información sobre cuál es el agente causante y en qué número está presente.

Deberíamos además solicitar pruebas de sensibilidad a antibióticos, por dos motivos. En primer lugar, porque cada vez existe un porcentaje más elevado de cepas bacterianas resistentes a los antibióticos tradicionalmente empleados para el tratamiento de las infecciones, lo que puede acabar derivando en mastitis crónicas o recurrentes. Y, en segundo, porque en el cultivo de leche podemos aislar dos o más especies implicadas en la infección y, si no todas son sensibles al antibiótico elegido, se puede favorecer la presencia de la bacteria resistente.

Un correcto diagnóstico (cultivo de leche) es clave para el éxito en el tratamiento tanto de las mastitis agudas como de las subagudas. Nos va a guiar sobre qué pautas son las más adecuadas y qué debemos seguir para reequilibrar la microbiota presente en la glándula mamaria. Evitaríamos prescripciones de antibióticos no adecuados, bien porque las bacterias puedan ser resistentes a los antibióticos habitualmente prescritos en atención primaria, bien porque se escogen antibióticos no eficaces frente a los biofilms bacterianos, o bien porque una mastitis está causada por varios agentes y puede que con diferente sensibilidad a antibióticos.

¿Qué tengo que hacer con el resultado del cultivo de leche?
La mayor o menor severidad de la sintomatología asociada a una mastitis está estrechamente relacionada con las especies bacterianas implicadas, con su concentración, con las características de las cepas y con el estado del hospedador.

Debemos tener en cuenta que todas las bacterias aisladas son potencialmente agentes causales de mastitis. Podemos considerar mastitis cuando los recuentos estén por encima de 700 UFC/ml (normalmente mucho más elevadas), salvo para algunas especies como Staphylococcus Aureus, que su mera presencia ya se considera relevante.

Ante un cuadro agudo y sistémico es razonable iniciar un tratamiento con antibiótico (evitando la cloxacilina). Se recomienda la prescripción con el resultado del antibiograma siempre que sea posible. Antes de finalizar el tratamiento con antibiótico se recomienda comenzar a tomar probiótico (microorganismos vivos que ejercen efectos beneficiosos sobre un hospedador). Durante los 10 primeros días de tratamiento se recomienda tomar ibuprofeno para eliminar la inflamación en la zona y alternarlo con paracetamol (en el caso de que haya fiebre).

Una mastitis clínica subaguda o subclínica puede evolucionar favorablemente con tratamiento de probiótico sin necesidad de recurrir a antibióticos. Actualmente existe en el mercado una cepa de Lactobacillus Fermentum, con eficacia demostrada en el 65% de los casos de mastitis. Poco a poco irán apareciendo en el mercado otras cepas de Lactobacillus Salivarius que en estudios previos han demostrado una eficacia de entorno el 90% de los casos. El tratamiento en la fase inicial también debe ir acompañado de antiinflamatorio tipo ibuprofeno. En estas mastitis, cuando el tratamiento con probiótico no resulta eficaz, se puede optar por antibiótico. Se necesitan antibióticos con capacidad de penetración y difusión en los biofilms y de riesgo 0 en lactancia, y en este caso los ß-lactámicos, eritromicina o fosfomicina no suelen ser eficaces en el tratamiento de este tipo de mastitis. La prescripción será respaldada con el antibiograma de las bacterias que causan la infección y siempre después de la toma de antibiótico se aconsejará la toma durante un periodo prolongado de probiótico, para asegurar que la recolonización de la glándula mamaria esté controlada, y para que aquellas bacterias que no hayan sido eliminadas por el antibiótico no repunten.

Cuando se hace la recomendación de tomar antiinflamatorios, nos estamos refiriendo a la toma de AINEs tipo ibuprofeno, y en ningún caso se recomiendan corticoides porque favorecen la progresión de la infección.

¿Por qué me ha tocado a mí? ¿Qué he hecho mal?
Tener o no mastitis no es debido a que la mamá esté haciendo algo mal, o a que no esté haciendo algo. Existe una serie de factores predisponentes y una serie de factores protectores, cuyo conjunto hace que la mamá sufra mastitis durante la lactancia o no. Estos factores son:

  • De la propia madre (situaciones de estrés, alteraciones en los mecanismos de inmunidad innata, polimorfismos genéticos, peculiaridades de la propia glándula mamaria, tasa de reclutamiento de neutrófilos hacia la glándula mamaria, presencia de oligosacáridos específicos de leche materna, etc)
  • De las bacterias que están colonizando la glándula mamaria (hay cepas con mayor capacidad de evasión de la respuesta inmune que otras, cepas más virulentas, presencia de cepas productoras de componentes antimicrobianos, etc)
  • De las intervenciones médicoterapéuticas que le hayan practicado (antibióticos en el último tercio del embarazo, en la lactancia, el tipo de parto, si se ha practicado profilaxis intraparto frente a Streptococcus Agalactiae).

Hay una serie de recomendaciones que debemos dar a las mamás que tienen mastitis y que difieren de las recomendaciones a las mamás que no tienen mastitis:

  • No hay que extender una gota de leche sobre el pezón mientras la infección no esté controlada. Esto hace que las grietas que se hayan podido formar tarden más tiempo en curar.
  • Evitar la aplicación de cremas con lanolina.
  • Evitar la utilización de discos de lactancia.
  • Evitar la aplicación de calor en la zona. Solo se recomendará para aquellas mamás en las que haya una importante retención que sea necesario intervenir con vasodilatación y solo se aplicará 3-5 minutos antes de la toma. El calor favorece la proliferación de bacterias y prolonga el cuadro en el tiempo.

¿Hay algún riesgo para mi bebé si sigo dando el pecho mientras tengo mastitis?
La leche estará aportando durante un tiempo una concentración más elevada de bacterias al bebé. Sin embargo, por la estructura y fisiología del intestino del bebé, no hay riesgo de que se produzcan limitaciones en el tránsito del intestino del bebé. Las bacterias que llegan están en un ambiente competitivo en el intestino, con lo que el impacto de estas bacterias en el bebé no va a ser significativo. El bebé no tiene riesgo de infección por tomas de leche materna, ni hay alteraciones en la composición de macronutrientes. La calidad nutritiva y funcional de la leche producida por mujeres con mastitis es superior a la de cualquier fórmula infantil que haya en el mercado.

Además, el aporte de bacterias al bebé a través de la leche materna ejerce una influencia positiva sobre la función cognitiva, sobre el riesgo de dermatitis atópica o de padecer asma. Se ha visto un mejor desarrollo de las vellosidades intestinales con efecto sobre la absorción de nutrientes y una estimulación de la respuesta inmune en bebés alimentados con leche materna. Este aporte de bacterias poco a poco va formando una barrera frente a la entrada de patógenos. No solo no hay riesgo para el bebé, sino que por todos estos efectos beneficiosos de las bacterias, incluso es recomendable que la mamá no interrumpa la lactancia materna aunque tenga mastitis.

Bibliografía

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Sobre Arantza Gómez de Segura
Arantza Gómez de Segura Ugalde es licenciada en farmacia y doctora por la UAM. Ha trabajado en diferentes proyectos de investigación en los campos de la nutrición y la lactancia.

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