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Corioamnionitis: Cuando el útero ya no es un lugar seguro

Publicado el miércoles, 29 de octubre de 2014. Autor: Valerie Hall

La palabra útero nos trae a la mente un entorno seguro y nutridor. Nos gusta pensar que el bebé que está creciendo en el útero de su madre está disfrutando del momento más seguro de su vida. La gran mayoría de las veces esto es lo que ocurre. El cuerpo femenino está diseñado para nutrir y proteger la nueva vida que alberga y tiene muchos modos de asegurar la salud de esa vida. Para el bebé en desarrollo, su madre es su mundo. Su cuerpo es un auténtico ecosistema en el que tiene lugar el milagroso desarrollo potencial de la genética del bebé. Pero, como en los grandes ecosistemas de la Tierra, pueden ocurrir cambios en el cuerpo de la madre que debiliten las defensas naturales del útero y expongan al bebé a una situación de peligro.

La corioamnionitis es la inflamación de las membranas del saco amniótico, corion y amnios, y es la causa de un número significativo de partos prematuros. También está relacionada de manera muy estrecha con la parálisis cerebral. Algunos investigadores estiman que puede ser la causante de hasta el 12% de los casos de parálisis cerebral en niños nacidos a término y de hasta el 28% en casos de niños prematuros (Sherman 2010).

Las infecciones de vagina, cérvix, útero y saco amniótico tienen tanta prevalencia en Estados Unidos como en los países en desarrollo, y en Europa es todavía algo mayor (Sherman 2010). Los organismos que causan estas infecciones parecen ser distintos en diferentes partes del mundo (Obi y Ozumba 2007). La infección viaja subiendo por la vagina a través del cérvix y altera la química de las membranas, debilitándolas. Cuando esto ocurre antes de las 37 semanas de gestación, es posible que el bebé nazca y tenga que enfrentarse a los peligros de la prematuridad. Si la infección es suficientemente grave o dura mucho, el bebé puede infectarse y nacer enfermo o con parálisis cerebral.

Un cambio en la flora
La vagina es el hogar de una interesante variedad de microorganismos, que habitualmente coexisten felizmente. Esta mezcla particular varía de una mujer a otra, pero está usualmente dominada por lactobacilos, que crecen en el ambiente ácido cervicovaginal. Estas bacterias producen bacteriocinas, que ayudan a mantener a raya a bacterias dañinas.

Si el equilibrio normal de la flora vaginal es interferido, los patógenos pueden hacerse con el control. Algunos de estos patógenos causan que las membranas liberen acido araquidónico, que, con el tiempo, lleva a un incremento en la liberación de prostaglandina, lo que puede iniciar el parto (Frye 1997). El equilibrio de los microorganismos en la vagina está muy relacionado con la flora del recto. Este es el motivo por el que en la prueba protocolaria del estreptococo B se toma una muestra de la vagina y del ano. También influye la flora intestinal, ya que, si las colonias de bacterias normales del tracto digestivo están alteradas, puede ocurrir que la vagina sea colonizada por bacterias perjudiciales. En algunas ocasiones lo que ocurre es que las defensas de la vagina están débiles y que las bacterias invasoras son muy virulentas (Hitti et al. 2001).

Curiosamente, algunas cepas de la microbiota siguen un patrón general de prevalencia dependiendo del nivel de desarrollo socioeconómico del país en el que la mujer vive. En África, así como en India y China, existen menos posibilidades de que las mujeres más pobres estén colonizadas por el estreptococo B que en países más desarrollados. Las bacterias colonizadoras en naciones más pobres tienden a ser otros organismos y también es más común encontrarlas en los niños enfermos de las madres que los gestan. Al subir el nivel socioeconómico, el nivel de estreptococo B también aumenta (Chacko y Sohi 2005).

¿Quién sufre de corioamnionitis?
Existen varias condiciones asociadas a la aparición de corioamnionitis. Estas son el alcoholismo, la anemia durante el embarazo, la nutrición materna pobre, la edad maternal joven, el índice de masa corporal (IMC) alto (pero solo cuando va asociado a rotura prolongada de membranas cerca de la fecha prevista de parto) y el historial de vaginosis bacteriana y/o de infecciones del tracto urinario (Sherman 2010). Las mujeres con grupo sanguíneo A y O parecen ser más propensas a este problema, aunque se desconoce el motivo (Aly et al. 2008). Varios investigadores han encontrado un vínculo entre las enfermedades peridontales y la corioamnionitis (Siqueira et al. 2007). Esta conexión parece razonable ya que la ecología de la boca está muy relacionada con la ecología del tracto intestinal, que influye a su vez sobre la ecología de la vagina como ya hemos comentado. De hecho, se ha informado de casos en los que el desarrollo de una infección intrauterina iba ligado a relaciones sexuales orogenitales en las que la pareja sexual tenía periodontitis (Hansen, Dorsey y Batzer 1996). Puntos de vista más novedosos señalan una relación entre niveles maternos bajos de Vitamina D y el desarrollo de infecciones vaginales (Hensel et al. 2011).

¿Cuáles son los signos y síntomas de la corioamnionitis?
La infección del saco amniótico habitualmente no muestra síntomas hasta que comienza el parto, generalmente precedido por la ruptura de membranas. El único aviso previo clínico podría ser un cuello de útero corto, aunque aún no se conoce si este cérvix acortado podría ser un factor que predisponga a la infección o un resultado de la infección en si (Gómez, Romero y Nien. 2005). El síntoma más indicativo de corioamnionitis durante el parto es la fiebre materna. La epidural también aumenta la temperatura materna, especialmente si se usa por periodos prolongados de tiempo, por lo que el aumento de temperatura puede resultar confuso en el cuadro clínico. En una mujer que no tiene epidural, la fiebre debería despertar siempre la alarma de infección. Si el parto es prematuro, se debería hacer un cultivo del líquido amniótico, si es posible, para investigar las posibles causas de la infección.

Cuando la corioamnionitis aparece en la última etapa del embarazo o a término, está asociada a menudo con los tactos vaginales. Puesto que estos tactos no suelen ofrecer ninguna información útil (las condiciones cervicales no se pueden predecir antes del inicio del trabajo de parto), existen pocos motivos para realizarlos. La ruptura prolongada de membranas también permite la invasión del cérvix por bacterias perjudiciales, por lo que los tactos no deberían realizarse tras una ruptura de aguas hasta que la fase activa de parto esté bien establecida y, en ese caso, solo cuando sean necesarios y con guantes estériles.

¿Se puede prevenir la corioamnionitis?
Mantener una flora normal y saludable en la vagina y una nutrición materna correcta puede reducir en gran medida el riesgo de infección. A las matronas les encantaría ver a todas las madres bien descansadas, nutridas, sin estrés y disfrutando de una vida sana y activa. La realidad es que no vivimos en un mundo perfecto pero debemos continuar defendiendo una forma de vida saludable y una buena nutrición.

Además, podríamos prestar atención a posibles infecciones del tracto urinario o vaginales. Estas infecciones deberán ser tratadas rápidamente. Los antibióticos son rápidos y efectivos, pero cambian la ecología vaginal destruyendo completamente las bacterias "buenas" junto con las "malas" y permitiendo hacerse "con el terreno" a individuos hostiles como hongos o infecciones de repetición. Si es imprescindible tomar antibióticos, debería ser seguido por una ingesta importante de probióticos orales para restaurar el equilibrio normal. También se ha demostrado que un lavado vaginal con yogur (con cultivos vivos) puede ser beneficioso y, en caso de vaginosis bacteriana, a menudo la curará sin la necesidad de antibióticos (Othman, Neilson y Alfirevic 2007).

Dentro de los remedios naturales también las hierbas pueden ser útiles. El ajo y la echinacea ayudan al sistema inmunitario. El té de hojas de frambueso puede actuar como un tónico uterino y como un limpiador, y tenemos referencias de matronas con amplia experiencia que han observado que las mujeres que lo usan con constancia no sufren infecciones (Bjarson 2011).

Tratamiento de la corioamnionitis
Una vez que el cérvix, útero y/o el saco amniótico está infectado, es probable que se rompa la bolsa de aguas en un plazo aproximado de dos semanas. Si esto ocurre a pretérmino, se recomienda que la matrona traslade rápidamente a la mujer al hospital. No se puede hacer mucho más, ya que el bebé ha de nacer. Si la mujer está de menos de 30 semanas, puede que en el hospital intenten mantener el embarazo todo el tiempo posible a la vez que suministran antibióticos a la mamá. Si la madre tiene sepsis, el bebé deberá nacer inmediatamente para salvar su vida. Desafortunadamente, en este momento del embarazo es posible que la inducción no funcione y que el nacimiento termine en cesárea. En palabras del doctor Douglas Isabell, "...la cirugía en una mujer con una infección intrauterina grave puede ser realmente complicada, con infección en la herida y complicaciones serias." (Isabell 2011).

Para la mujer que desarrolla corioamnionitis a término o durante el parto, el síntoma principal será generalmente la fiebre. Si la bolsa de aguas se rompe podría ser que huela mal. Cualquiera de estas dos situaciones es indicación de traslado al hospital porque el bebé podría estar afectado. Algunas de estas infecciones de desarrollo tardío pueden llevar a atonía uterina y patrones de contracciones pobres. En cualquier caso es necesario observar al bebé en busca de signos de infección. Letargia, pobre reflejo de succión, taquicardia, taquipnea y parálisis son signos peligrosos. La matrona debe actuar rápidamente, ya que, en otro caso, el bebé podría ponerse muy enfermo en las siguientes 12 horas. Incluso si no existen signos de infección, en el caso de que la placenta huela, debería enviarse a un laboratorio a analizar, y la madre y el bebé deberían ser estrechamente vigilados por si aparece algún signo de enfermedad.

Mantener el útero a salvo
La corioamnionitis es uno de los factores principales que pueden causar un nacimiento a pretérmino y parálisis cerebral. No siempre se puede prevenir. Es sobre todo una enfermedad causada por una inmunidad mermada y por un cuerpo que tiene dañada su ecología. Prevenir la infección intrauterina es un paso muy importante para ayudar a que los embarazos lleguen a término y para ofrecer a las madres y a sus bebés un buen comienzo.

Referencias:

  • Aly, H, G Alhabashi, T Hammad et al. 2008. "ABO phenotype and other risk factor associated with chorioamnionitis." J. Pediatr 153(1): 16-18. Bjarnson, Dianne. 2011. Personal communication with author.
  • Chacko, B, and I Sohi. 2005. "Early onset neonatal sepsis." Indian J Pediatr 72 (1): 23-26 Frye, Anne. 1997. Undestanding diagnostic tests in the childbearing year, 6th ed. Portland OR. Labrys Press.
  • Gomez, R, R, Romero and JK Nien. 2005. "A short cervix in women with preterm labor and intact membranes: a risk factor for microbial invasion of the amniotic cavity." Am J Obstet Gynecol 192(3): 678-89.
  • Hansen, LM, TA Dorsey and FA Batzer, 1996. "Capnocytophaga chorioamnionitis after oral sex". J Obstet Gynecol 88(4, part 2): 731
  • Hensel, K, T Randis, S Gelberg et al. 2011 "Pregnancy-specific association of vitamin D deficiency and bacterial vaginosis". Am J Obstet Gyencol 204 (1): 14-49.
  • Hitti J, SL, Hilier, KJ Agnew et al. 2001. "Vaginal indicators of amniotic fluid infection in preterm labor." J Obstet Gynecol 97(2): 211-19
  • Isbell, Douglas, MD: March 6, 2011. Personal Interview.
  • Obi, SN, and BC Ozumba. 2007. "Pre-term premature rupture of fetal membranes: the dilemma of management in developing nation." J Obstet Gynecol 27(1): 37-40
  • Othman, M, JP Neilson and Z Alfirevic. 2007 "Probiotics for preventing preterm labour". Cochrane Database Systematic Review 1: CD005941
  • Sherman, Michael, P. 2010. "Maternal Chorioamnionitis" Emedicine Pediatrics. http:/emedicine.medscape.com/article/973237-overwiew
  • Siqueira, FM, LO Cota, JE Costa el tal. 2007. "Intrauterine growth restriction, low birth weight, and preterm birth: adverse pregnancy outcomes and their association with maternal periodontitis" J Periodontol 78 (12): 2266-76

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Nota sobre la traducción: El contenido de Midwifery Today ha sido publicado originalmente en inglés. Midwifery Today, Inc. no garantiza la traducción precisa de sus contenidos en otro idioma que no sea el inglés, incluyendo la exactitud de la traducción del sitio web de Midwifery Today. Para consultar el contenido preciso de Midwifery Today, acuda siempre a la versión en lengua inglesa.


Sobre Valerie Hall
Valerie Hall se ha graduado recientemente como comadrona en el Midwifery College de Utah. Colabora habitualmente con la publicación Midwifery Today.

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