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¿Qué es la Comunicación No Violenta?

Publicado el jueves, 02 de octubre de 2014. Autor: Rosa Sorribas

Empezamos a comunicarnos ya antes de nacer. El estado de la madre influye directamente en el bebé intrauterino, estableciéndose siempre una comunicación inconsciente, sutil, y una comunicación consciente, si lo deseamos. A medida que el bebé crece y se adapta al entorno en el que ha nacido, establece unos patrones de comunicación para interrelacionarse con los demás y para captar lo que le rodea. Es un proceso que aprende poco a poco. Los problemas de comunicación causan miedo y dificultades en las relaciones, llevando a la frustración, en el mejor de los casos, o hasta la guerra, en el peor.

A principios de los 60, el psicólogo Dr. Marshall Rosenberg ideó unas propuestas llamadas en su conjunto "Comunicación no violenta" (o CNV), que se han aplicado con muchísimo éxito en situaciones de conflictos complejos, como guerras, prisiones o disputas ciudadanas, e igualmente en situaciones de la vida cotidiana, como relaciones laborales, familiares o de educación de los hijos.

La CNV se basa en unos principios claros que requieren cierto trabajo personal:

  • Cada uno es responsable de su propia vida. Los sentimientos, palabras y actos personales son eso, personales; no podemos culpar a los demás. Nuestros sentimientos son nuestros; somos nosotros los que tenemos control sobre ellos y no los demás. Así que no les podemos culpar por lo que sentimos o hacemos.
  • Igualmente, no podemos sentirnos responsables de lo que sientan los demás. Si alguien está enfadado, es su elección; no tiene siempre que tener que ver con algo que hayamos hecho obligatoriamente y sentirnos culpables por ello.
  • No podemos obligar a sentir, pensar o actuar a los demás como nos gustaría. Estaríamos coaccionándole, mediante premios, castigos o amenazas, con lo que romperíamos la comunicación. Actuarían por obligación, por resentimiento, no por convencimiento propio basado en la confianza y la honestidad.
  • Juzgarse a sí mismo y a los demás a menudo detiene la comunicación. El hecho de juzgar asume un conocimiento de la situación, en realidad insuficiente, que actúa de barrera para mantener la comunicación entre las partes. Se requiere evaluación y valoración, pero nunca juzgar.
  • Todas las personas tienen necesidades básicas personales y emociones con las que conectamos con los demás. Empatizar con los demás teniendo presente nuestras necesidades y emociones nos puede ayudar a resolver problemas y a evitar conflictos.

La CNV consiste en cuatro pasos concretos para facilitar el uso de estos principios en la vida diaria.

PASO 1: OBSERVAR SIN JUZGAR
Es un paso complicado porque debemos observar la situación y describirla sin evaluar ni emitir ningún juicio personal. No hay que emitir ninguna opinión, sino simplemente describir lo ocurrido o el estado de las cosas. Por ejemplo, si alguien llega tarde a una cita, en lugar de decir "Siempre llegas tarde", lo que implica un juicio de valor y una opinión desfavorable, podemos decir "Han pasado 20 minutos de la hora que habíamos quedado". Son hechos, no opiniones. Con la primera frase además usamos la palabra siempre, con lo que el juicio se extrapola al pasado y en general. Estamos no solo juzgando, sino también acusando. En cambio, con la segunda simplemente describimos un hecho y damos pie a que la otra persona nos cuente también los hechos, no su juicio de valor sobre la situación. No se siente atacado con lo que podrá describir su situación con más comodidad y confianza.

PASO 2: IDENTIFICAR UN SENTIMIENTO
Es uno de los pasos más difíciles porque no estamos acostumbrados a conectar con nuestros sentimientos. Se refiere a lo que sentimos frente a esa observación sin que incluya para nada a los demás. Es el hecho de esperar 20 minutos sin hacer nada lo que nos molesta. O tal vez nos preocupamos por algo. Es un sentimiento personal causado por la situación, no por el otro. Es difícil definir el sentimiento sin que el otro forme parte de él. Si nos sentimos molestos, debemos dejar claro que es por la espera, no porque la otra persona nos ha hecho sentir molestos. Algunas palabras que identifican sentimientos implican la participación del otro, aunque recordemos que, siguiendo el primer principio, nosotros estamos al control de nuestros sentimientos y son las circunstancias las que han provocado esta situación en nosotros. Siempre podemos elegir si queremos sentirnos de una manera u otra; tenemos ese control sobre nosotros mismos. Las circunstancias son las que son, no CAUSAN sentimientos, sino que debido a nuestra percepción hemos elegido reaccionar de una manera en concreto. La responsabilidad de nuestros sentimientos es nuestra. En lugar de decir "Me molesta que llegues tarde" es preferible decir "Cuando tengo que esperar a alguien me pongo nervioso". En la primera frase damos la culpa de nuestros sentimientos a otra persona; en cambio, en la segunda, decimos que somos nosotros que hemos elegido ponernos nerviosos por una circunstancia. Nosotros tomamos la responsabilidad de nuestros actos. No son los demás los que nos fuerzan a ponernos nerviosos llegando tarde, sino que ha sido nuestra elección. A menudo, es más fácil dar la culpa a los demás de nuestros actos, cuando en realidad somos los primeros responsables y principales protagonistas de nuestra historia.

PASO 3: IDENTIFICAR UNA NECESIDAD O DESEO
La necesidad se refiere siempre a uno mismo, no a otro u otros. Es una cualidad humana básica, como la necesidad de protección, amor, cuidado, apoyo, respeto, autonomía, sustento, estimulación intelectual o juego. Es, de nuevo, un paso difícil porque se refiere a lo que necesitamos nosotros, no a lo que queremos que hagan los demás. Se trata de nuestras necesidades básicas no satisfechas, no de lo que esperamos de los demás o de lo que creemos que deben hacer los demás. Habitualmente expresamos órdenes y definimos lo que deseamos fuera de nosotros, pero no miramos a nuestro interior y detectamos qué necesidad no se ha cubierto en esa circunstancia que nos puede causar un conflicto. Nuestra necesidad de ser puntuales y la tranquilidad de ir con tiempo es nuestra necesidad no cubierta cuando alguien se retrasa.

Las necesidades de los bebés y niños son muy claras aunque no las sepan expresar con nitidez: protección, cariño, apoyo, respuesta, alimento, contacto, etc. A medida que crecremos, y debido a ciertas prácticas educativas, vamos perdiendo contacto con nuestras necesidades básicas y les damos menos importancia. Sin embargo, este aspecto de nosotros mismos y nuestra humanidad es de vital trascendencia para establecer una conexión profunda con los demás. Las necesidades básicas físicas, emocionales y mentales son una de las maneras de establecer una buena comunicación entre las personas, a distintos niveles, ya que todos las poseemos. Conectar con nuestras propias necesidades y expresarlas a los demás es, casi siempre, la única manera de conseguir cubrirlas. La alternativa es esperar que los demás las intuyan. Si a menudo no sabemos ni nosotros mismos cuáles son, ¿cómo pretendemos que nos lean la mente y las adivinen?

El Dr. Rosenberg indica que mucha gente pasa por tres estados de recuperación mientras conecta con sus necesidades básicas:

  • Sentirse esclavo, incapaz de expresar las propias necesidades y a menudo sentirse responsable de las de los demás. Por ejemplo, "Tengo que irme porque los niños necesitan irse a dormir pronto".
  • Rebelión. Pasotismo de los sentimientos de los demás. Egoísmo. Por ejemplo, "Me quedo porque me apetece, mi necesidad es esta y la tengo que satisfacer."
  • Madurez y liberación. Responsabilidad de los sentimientos y necesidades, pero no de los de los demás. Se elige porque se desea, no por obligación o culpa. Por ejemplo, "Yo elijo irme ahora porque creo que es lo más adecuado, porque lo elijo yo."

PASO 4: FORMULAR UNA PETICIÓN
El siguiente paso es formular una petición basada en las observaciones, sentimientos y necesidades. Por ejemplo, "Me pongo muy nerviosa cuando llego tarde a los sitios porque tengo la necesidad de aclimatarme al entorno y evitar posibles problemas debido a la falta de tiempo. ¿Te importaría tener mis necesidades en cuenta y llegar con tiempo en otra ocasión?"

Ideas para formular preguntas:

  • Es preferible ser positivo. Mejor "llegar con tiempo" que "no llegues tarde".
  • Hacer las peticiones lo más específicas posibles. Mejor "llegar entre las 10 y 10:15" que "llegar pronto".
  • Habla siempre de forma amable, pero firme y clara, sin emociones como el sarcasmo o el rencor. No ayuda decir "Estoy harta de que llegues tarde, ¿puedes ser puntual alguna vez en la vida?".

La petición debe ser voluntaria. El otro debe sentirse libre de llevarla a cabo, sin amenazas ni consecuencias. Una petición no exige, con lo que no fuerza una sumisión o rebeldía, que causaría el fin de la comunicación. Por ejemplo, "Más te vale llegar puntual la próxima vez". Hay que cuidar mucho las palabras. El "deberías" o "tienes que" no son peticiones, sino exigencias. El objetivo es una relación honesta, basada en la empatía, no la sumisión y la obediencia.

Una manera excelente de saber si la petición se ha entendido es preguntar por ello. No debe confundirse con el sarcasmo de "¿Me has oído?". Se trata más de mantener la comunicación activa mediante la empatía: "¿Me podrías explicar lo que he dicho para ver si me he expresado bien?". Se necesita paciencia y ganas para mantener la escucha activa por las dos partes y entender que, a veces, es posible que las necesidades de los dos lados no son compatibles, pero que con escucha y respeto es posible llegar a un acuerdo. En algunos casos es posible que esa confianza en ser escuchado y en respetar las necesidades del otro, se deba saltar excepcionalmente. Si siempre hemos dado la libertad de responder a las peticiones solicitadas, en algunos casos excepcionales podemos basarnos en esa confianza para exigir algo en concreto que debe ser tratado de forma urgente, siempre y cuando luego expliquemos los motivos y sean compartidos.

PUNTOS A TENER EN CUENTA
Es importante que, durante la conversación, definamos puntos de encuentro, que veamos si estamos siguiendo el mismo camino, que ambas partes entendemos lo que el otro está diciendo. Que no solo oímos sino que escuchamos lo mismo que el otro está diciendo. Para ello, el otro debe notar nuestra presencia, que estamos escuchando de forma activa, observando, sintiendo y preguntando de forma empática. No quiere decir que sintamos lo mismo que nuestro interlocutor, sino que estamos presentes, reflejamos lo que entendemos del otro y expresamos nuestras necesidades y sentimientos, sin juzgar, simplemente definiendo lo que vemos, sin contra atacar si nos sentimos atacados. Al fin y al cabo, no estamos en la piel del otro, solo podemos intentar comprender qué le pasa.

Cuando intentemos comunicarnos con nuestros hijos, con la gente que queremos, pensemos que una buena comunicación es un ejercicio de amor incondicional. A menudo es difícil seguir con la comunicación no violenta por el entorno en el que hemos crecido; por eso, es interesante pensar qué batallas queremos ganar, la de conseguir nuestro objetivo de mantener una relación respetuosa llena de amor con nuestros seres amados, o ganar una discusión a fuerza de coacciones.


Sobre Rosa Sorribas
Rosa Sorribas es consultora de lactancia certificada internacional (IBCL), doula y fundadora de Crianza Natural. Ha impartido cursos y conferencias sobre temas de lactancia, crianza y porteo.

Documentos de Rosa Sorribas publicados en Crianza Natural

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