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Viendo lo invisible

Publicado el miércoles, 27 de agosto de 2014. Autor: Doris D'Hooghe

Aumentar la conciencia sobre las experiencias negativas de la infancia dentro de una relación con un cuidador y su impacto en el desarrollo del niño.

"Lo que se cree que es esencial para la salud mental es que los bebés y niños pequeños deberían experimentar una relación cálida, íntima y continua con su madre en la que ambos encuentren satisfacción y felicidad" (Bowlby, 1953)

"La tarea esencial del primer año de vida humano es la creación de un vínculo seguro de comunicación emocional y de regulación interactiva entre el niño y su cuidador primario." (A. Schore)

Al igual que Bowbly en persona señaló la importancia de reconocer el impacto de las experiencias en la infancia temprana dentro de una relación de apego como indicadores de psicopatologías futuras, se impone así mismo la necesidad de ampliar nuestra visión sobre el trauma infantil en la infancia temprana dentro de una relación de apego.

Ampliando nuestra visión sobre los criterios que existen actualmente para las experiencias traumáticas debemos considerar el momento en que se produce la experiencia, la fase de desarrollo en la que se encuentra el niño y la relación dentro de la cual la experiencia traumática existe.

Algunos avances importantes en la investigación sobre el cerebro nos muestran los efectos del trauma sobre el apego temprano en el desarrollo del cerebro y nos ayudan a ampliar nuestra consciencia sobre estas experiencias adversas. Podríamos considerar que los efectos del trauma en la infancia son más severos debido a que se trata de un periodo muy importante del desarrollo y al impacto que causa en el cerebro en desarrollo.

La investigación de las consecuencias de eventos tempranos traumáticos nos ayuda a definir los criterios del trauma del apego y nos ofrece directrices para su identificación lo antes posible y para poder conseguir un tratamiento más adecuado.

Aumentando la consciencia tanto entre los cuidadores y entre los sanitarios sobre el trauma del apego, con estrategias de prevención y tratamientos a medida, podrían aumentar y crearse nuevas oportunidades terapéuticas.

Relación de apego seguro

Es importante conocer la diferencia entre un vínculo amoroso y un vínculo con apego seguro.

"Todos los niños necesitan que se les cuide. Para sobrevivir físicamente necesitan ser alimentados, bañados y dormidos. Las necesidades para la supervivencia del niño y las necesidades de los padres de cuidar a sus descendientes crean un vínculo de amor entre padres e hijos. Desde los años 60 muchos libros, artículos y fuentes de internet han animado a los padres a vincularse con sus bebés invirtiendo más tiempo y energía en el cuidado del niño. En cualquier caso, los niños necesitan algo más que amor y cuidado para que su cerebro y su sistema nervioso se desarrollen lo mejor posible." (www.theparentinghelpcenter.com)

En la creación de un vínculo de apego, la calidad de la relación entre el niño y su madre/padre es crucial para el desarrollo del niño. Esta cualidad, como Bowbly señaló, depende principalmente de la figura de apego. "La esencia es que esta figura de apego funciona como una base segura desde la que el niño pueda explorar el mundo y retirarse en tiempos de angustia" (Bowlby, 1969, 1979).

El mantenimiento de una relación continua entre la madre y el niño es de gran importancia. Con el fin de lograr esta continuidad en la relación de apego, la disponibilidad del cuidador es un aspecto clave. Cualquier interrupción del vínculo de apego influye en las experiencias del niño sobre la seguridad y la protección e impacta en el desarrollo del cerebro.

Dos características importantes de la disponibilidad del cuidador son la accesibilidad física y emocional de los padres. El cuidador es emocionalmente accesible cuando es capaz de responder de manera adecuada (capacidad de respuesta sensible) a las emociones y al estrés del niño. La capacidad del cuidador para responder sensiblemente a las señales del bebé es una condición básica para formar una relación de apego seguro.

"La conveniencia y rapidez de la respuesta de la madre son los distintivos de la sensibilidad". (Sherman, 2009)

"Una respuesta apropiada debe cumplir las siguientes condiciones: la respuesta satisface la necesidad del niño, se adapta bien al bebé, sigue inmediatamente la señal del niño, y constituye una interacción armoniosa". (van der Veer y de Wolff, 1995)

Cuando la madre rechaza una respuesta o esta es inapropiada existe una interrupción emocional del vínculo de apego y, por lo tanto, un trauma de apego.

Aunque Bowbly hizo hincapié en la importancia de la seguridad en la relación de apego, también hay que tener en cuenta lo que A. Schore (1994, 2003 a) escribió: "Muchos han aceptado y sugerido que la relación de apego es una de las principales organizadoras del desarrollo del cerebro". Esto significa que se necesita más para formar un vínculo de apego seguro. Teniendo esta visión en cuenta, "el apego seguro depende de la regulación de la madre de los estados internos de excitación del niño, la dimensión energética del estado afectivo del niño" (Shore y Shore 2008:10). La madre sirve como un regulador externo de los estados internos del niño. Una regulación mínima o impredecible son rasgos característicos de la inaccesibilidad de los cuidadores.

Además, una alta o baja estimulación afecta negativamente a una comunicación óptima del apego.

Una baja estimulación, como sería la negligencia emocional, es vista por Erickson y Egeland (2002) como una forma de indisponibilidad psicológica. Cuando la madre, quien actúa como "regulador emocional" (Post, 2002), no ofrece ninguna reparación interactiva, entonces podríamos considerarla como emocionalmente inaccesible.

Otro factor clave que forma la base para una relación de apego seguro es la contención. La contención (Bion, 1959) se refiere a una situación en la que "una persona recibe y entiende la comunicación emocional de otra, sin que ello la abrume, y se comunica de nuevo con la otra persona".

Como Shaver indicó: "Cuando la madre es capaz de reflexionar y así modular e integrar su propia experiencia afectiva, no se verá desregulada por la agresión de su bebé (o niño) u otros afectos negativos."

Otro factor de gran importancia es que el cuidador esté interesado en su hijo, un padre que se pregunte cuáles son los pensamientos, sentimientos, deseos y necesidades del niño. Desde este punto de vista, el cuidador puede realmente comprender al niño y reaccionar adecuadamente. A esto se le llama “mentalización” y es importante para el desarrollo del sentido de sí mismo del niño.

Otro componente de la base del apego es una capacidad reflexiva bien desarrollada. Es la capacidad de los cuidadores para reflexionar sobre su propia historia, y cómo esta historia puede ser activada por el niño. También es la capacidad de pensar y reflexionar sobre las señales verbales y no verbales del niño y la posibilidad de imitarlas, de manera que el niño puede experimentar y comprender su estado interno.

El modo en que se diseña una relación de apego determina su dinámica. Bowlby (1971, 1973). Cuando un niño internaliza experiencias de sí mismo y de sí mismo en relación con los demás, crea un modelo de trabajo interno que a su vez forma una base desde la que el niño interactúa con el mundo exterior.

Este "modelo de trabajo interno de apego" establecerá un patrón con el que el niño construirá sus futuras relaciones. También creará una cognición afectiva sobre la autoestima ("modelo de funcionamiento interno de uno mismo").

Considero que todas estas condiciones, como se mencionó anteriormente, son extremadamente importantes para lograr un apego seguro. Cuando no se cumplen estas condiciones, conforman una base importante del trauma de apego temprano, que a menudo se pasa por alto y/o se considera como poco importante. Sin embargo, según la experiencia de nuestro trabajo clínico, tiene enormes efectos sobre el desarrollo del niño y su salud mental. No podemos reducir nuestras intervenciones clínicas basándonos simplemente en lo que es obvio o en los síntomas que presenta. Si tenemos en cuenta la posible existencia de un trauma infantil temprano como primeras experiencias adversas, con influencia desde el principio en el desarrollo del niño, entonces podremos ofrecer un tratamiento integral a nuestros clientes.

Clasificación para el trauma de apego
Hay muchas causas de trauma en los niños y, a menudo, el trauma se presenta en el contexto de una relación con el cuidador. Quiero señalar el trauma de apego como experiencias interpersonales adversas que se producen en la primera infancia, que son repetitivas y crónicas, y que se dan entre el niño y su cuidador o en una relación de cuidados infantiles. El momento y la fase de desarrollo del niño en la que estas experiencias tienen lugar son de gran importancia. Se impone, además, ampliar nuestra perspectiva de las experiencias adversas en la primera infancia. Esta visión ampliada podría servir como base para una nueva clasificación con implicaciones para el reconocimiento y la evaluación, y nos permitiría incorporarla en la práctica clínica, las estrategias de intervención temprana y el tratamiento.

En general, el abuso y el descuido (sexual, físico, emocional, psicológico) se definen como trauma de apego. Quiero ampliar esta definición al incluir diferentes factores que pueden producirse en la relación de prestación de cuidados y afectar al desarrollo del niño y de la capacidad de apego. Por lo tanto, considero múltiples experiencias adversas en una relación de apego disfuncional como trauma de apego. En consecuencia, podremos entonces suponer que la relación de cuidados en sí misma puede ser la fuente de un trauma.

"Los investigadores han llegado a la conclusión de que la auto organización saludable de las redes neurales en desarrollo se produce en el contexto de una relación con el cuidador principal, sobre todo la madre." (Schore, 2000)

A partir del período prenatal, las experiencias adversas en la madre o en la relación madre e hijo, podrían tener un impacto negativo e influir en el bebé aún no nacido. No solo el estado de la madre (físico y emocional), sino también su relación hacia su futuro hijo, pueden ser perjudiciales. Incluso la calidad de la relación entre la madre y el padre o ciertos acontecimientos de la vida pueden influir en el desarrollo del bebé de una manera negativa.

El trauma en el parto también podría tener un profundo efecto negativo en la madre y el niño e interferir con la posibilidad del apego. Consideramos como trauma del nacimiento un parto inusualmente largo o corto, un parto por cesárea, o experiencias que pongan en peligro tanto la vida de la madre como la del niño.

Según Bowbly, la relación de apego es una relación continua durante toda la vida, pero el período más influyente es el de la fase prenatal hasta la edad de cuatro años. Se considera que este período es crucial para el establecimiento de un vínculo de apego saludable. Si en este período se produce cualquier interrupción del vínculo de apego, en forma de falta de acceso físico o psicológico, puede ocurrir un trauma. Tanto los trastornos físicos como emocionales del vínculo de apego influyen en el desarrollo del bebé. La separación, la pérdida temprana o los cambios del cuidador principal son, junto con la enfermedad de los padres o el divorcio, algunos ejemplos de las perturbaciones físicas. La tentativa de suicidio, los problemas de pareja, la psicopatología de los padres o la disociación de la madre, entre otros, podrían causar interrupciones psicológicas.

Otra característica importante del apego es la calidad de la crianza de los hijos. Como se dijo anteriormente, hay una gran cantidad de condiciones necesarias para formar una relación de apego saludable y segura. Cuando alguna de estas condiciones no se cumple, se puede producir el trauma de apego.

Otro aspecto importante en la creación de una relación de apego saludable es el estilo de apego de los padres. Las propias historias de los cuidadores con sus padres crean "modelos internos de trabajo" (Bowbly, 1973) que forman una especie de patrón sobre las relaciones y el sentido de sí mismo que influye en la interacción de los cuidadores con el niño.

(Crittenden, 1993) hace hincapié en que la forma en que un cuidador procesa la información del bebé podría interferir con el desarrollo de un vínculo de apego. Describe, por ejemplo, fallos en la percepción, como que "las señales para llamar la atención, como el llanto de un niño, simplemente no se escuchan, al menos a nivel consciente. Es entonces cuando el niño se siente impotente para obtener cuidado y protección. Esta es una experiencia aterradora".

Cuando un cuidador se equivoca al seleccionar la respuesta, "reconoce la necesidad y la angustia del niño, pero no tiene idea de cómo responder. Es entonces cuando los niños parecen socialmente desorientados, cognitivamente pobres y emocionalmente planos".

Además de una relación de apego disfuncional también puede haber una gran cantidad de sucesos estresantes en la vida del niño y del cuidador que interfieran con la capacidad de apego y que causen el trauma de apego. Algunos ejemplos son las mudanzas o reubicaciones frecuentes, las intervenciones médicas tempranas, un ambiente caótico, etc.

El conocimiento de todas estas posibles experiencias traumáticas tiene una enorme implicación en el desarrollo de estrategias de prevención y tratamiento.

Consecuencias del trauma de apego
Quiero hacer hincapié en la importancia del profundo impacto del trauma de la primera infancia en los diferentes niveles de funcionamiento y de desarrollo del niño, como emocional, cognitivo, conductual, social, relacional, físico y neurobiológico.

El trauma temprano en los niños puede dar lugar resultar a psicopatologías, como el trastorno de estrés postraumático, y trastornos depresivos y disociativos.

"La interrupción del apego puede dar lugar a deficiencias en tres áreas principales del desarrollo del niño: el aumento de la susceptibilidad al estrés, la excesiva búsqueda de ayuda y la dependencia o aislamiento social excesivo, y la incapacidad para regular las emociones". (Cook et al., 2005)

"El estrés crónico, repetido y prolongado, se asocia con patrones a largo plazo de la reactividad autonómica, expresada en cambios estructurales neuronales, que implican la atrofia y que pueden conducir a un daño permanente, incluyendo la pérdida neuronal" (Schore, 2002)

Schore describió que el hemisferio cortical derecho pierde su capacidad para integrar el procesamiento sensorial y que, por lo tanto, interrumpe la integración de la información perceptual. Esto puede dar lugar a trastornos de integración sensorial.

Otro de los efectos del trauma en la primera infancia es el que Perry B. (2006) indicó: "Puede dar lugar a una serie de reacciones biológicas, incluyendo un estado de miedo persistente". Los sistemas neuroquímicos se ven afectados, lo que puede provocar una cascada de cambios en la atención, el control de impulsos, el sueño y la motricidad fina" (Perry, 2000a; 2000b). El niño puede reaccionar de forma exagerada, ya que es incapaz de interpretar adecuadamente la comunicación.

El trauma en la primera infancia impacta en la neurofisiología, lo que afecta a la regulación de la excitación y puede manifestarse como hiperexcitación y disociación. Cuando hay hiperexcitación, puede haber hiperactividad motora, ansiedad, impulsividad conductual, hipertensión, problemas de sueño, etc.

"La disociación es básicamente un mecanismo mental por el cual uno retira la atención del mundo exterior y se centra en el mundo interior. En casos extremos, los niños pueden encerrarse en un mundo elaborado de fantasía en los que pueden tener poderes especiales o fortalezas" (Perry, 2003). Este encerramiento tiene implicaciones para la capacidad de apego. "Uno de los dilemas de la clasificación de los síntomas de la disociación es que estos síntomas pueden asumir muchas y variadas formas y expresiones. Pueden ser emocionales, perceptivos, cognitivos o funcionales". (Scaer, 2001)

Como considero estos síntomas como síntomas postraumáticos, quiero hacer hincapié en la importancia de su reconocimiento, porque a menudo son malinterpretados como síntomas de trastorno por déficit de atención con hiperactividad, autismo, trastorno de oposición desafiante y discapacidades de aprendizaje.

El daño neurológico precoz de la corteza prefrontal, como consecuencia del trauma de apego, puede causar problemas "para adquirir el conocimiento social complejo durante el período de desarrollo normal y un deterioro duradero de la conducta social y moral..." (Anderson et al., 1999, p. 1035).

"El desarrollo de uno mismo se despliega en el contexto del apego y en la internalización de las percepciones y expectativas importantes de los demás. La manera en que se trata el niño a temprana edad influye directamente en su creciente conciencia de sí mismo". (De Briere, 1992)

Conclusión:
La importancia de dar a conocer los principios básicos del apego, el trauma y el desarrollo neurológico habla por sí misma. Tenemos que mirar más allá del Síndrome de Estrés Postraumático y ampliar nuestra visión sobre las experiencias del trauma. Si somos capaces de mirar más allá de lo obvio, podremos desarrollar estrategias de prevención temprana, mejorar la práctica y proporcionar una terapia a medida. Una evaluación adecuada del niño, de sus padres y de la relación entre los padres y el niño puede revelar aspectos que podemos asimilar en el tratamiento.

La experiencia única del niño es determinante para entender y respetar a nuestros hijos y clientes. Es necesario sensibilizar a los padres y los médicos sobre la importancia de la relación temprana entre el niño y su cuidador. Aumentar el conocimiento, mediante talleres y conferencias, es un primer paso importante en las estrategias de prevención, y permite a los médicos mejorar sus conocimientos prácticos y, por lo tanto, su potencial terapéutico.

Referencias:

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Sobre Doris D'Hooghe
Doris D'Hooghe es psicoterapeuta especializada en terapia infantil y fundadora del Centro del Trauma en Bélgica.

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