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La higiene oral en el bebé. ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo?

Publicado el jueves, 11 de diciembre de 2014. Autor: Irene Iglesias Rubio

La boca es el órgano con el cual el bebé se abre a la vida. Es, junto con la nariz, con lo que siente, con lo que ve, con lo que aprecia texturas, temperatura y sabor, con lo que se relaciona por primera vez con su madre y luego con el medio que lo rodea. Desde el momento en el que nace, la boca es su órgano de relación y también de placer. Y, por supuesto, es con lo que se alimenta.

Sin embargo, la exploración de la boca, tanto por parte de los profesionales como de las propias madres, no recibe toda la atención que se merece, pasando desapercibidos problemas a veces tan evidentes como frenillos, que impiden el agarre adecuado del pezón.

Muchas veces no se presta la atención necesaria a lo que sucede en la boca hasta que han erupcionado ya varios dientes y, entonces, la madre se pregunta ¿cuándo hay que empezar a cepillar los dientes a mi hijo? ¿Lo hago con o sin pasta de dientes? ¿Hay que dar flúor o está totalmente contraindicado? ¿De verdad es necesario cepillarles desde tan pequeños si esos dientes se van a caer?

Vamos a ver primero por qué hay que lavarse los dientes desde tan temprana edad. Hay estudios que han encontrado una prevalencia de caries en niños menores de 5 años del 80%. En niños de entre 2 y 3 años ya hay dos tercios de ellos que tienen caries. Estas cifras son alarmantes. En niños menores de un año cerca del 9% tienen caries. Es extraordinario encontrar adultos que no hayan tenido alguna caries a lo largo de su vida. De hecho, es la enfermedad más frecuente en el ser humano, mucho más común que el asma, por ejemplo. Es primordial por tanto prever que esto puede suceder y atajarlo lo más precozmente posible.

La caries es la destrucción de los tejidos duros del diente como consecuencia de los ácidos producidos por las bacterias al metabolizar el azúcar procedente de la alimentación. Las bacterias proceden en gran parte de la madre, como demuestran los estudios genéticos, y en menor cantidad de hermanos, compañeros de guardería o cuidadores. Si la madre tiene caries activas o problemas de encías, prácticas como probar la comida del bebé con la misma cuchara con la que le damos de comer, limpiar con su propia saliva las tetinas de chupete o biberón, soplar la comida o dar besos en la boca hace que se inoculen involuntariamente bacterias que intervienen en el inicio y desarrollo de las caries (Streptococcus mutans y Lactobacillus, básicamente).

Un estudio reciente realizando en Suecia aconseja limpiar las tetinas de los chupetes con la saliva de la madre para inmunizar. Es una práctica que el Consejo General de Odontólogos de España desaconseja, basándose en que la boca de las mujeres suecas no se parece mucho a las de las españolas. Ni la boca, ni las costumbres higiénicas, ni el número de veces al año que van al dentista, ni la cultura de prevención de enfermedades bucodentales son las mismas. Está claro que, si la boca de la madre está sana, no hay ningún riesgo en realizar estas prácticas.

El caso es que estas bacterias ya están presentes en la boca del bebé desde antes de que haya dientes, esperando el momento de adherirse al esmalte en cuanto este haga aparición, con lo cual, en cuanto el borde de un diente erupciona, ya se contamina. Esto ocurre sobre los seis meses de edad. Generalmente, el diente aparece cuando el niño muestra a través de varias señales de madurez de su organismo que ya está preparado para que se introduzca la alimentación complementaria. Si en la AC se introducen alimentos muy azucarados, como suelen ser las papillas artificiales, yogures azucarados, bizcochos, galletas o plátanos, ya tenemos el sustrato para que las bacterias se alimenten.

Por tanto, el objetivo de la higiene oral será reducir tanto el número de bacterias presentes en la boca, como la cantidad de azúcares que las alimentan.

¿Cuándo comenzamos con la higiene dental?
Como acabamos de ver, la fecha límite para comenzar con la higiene dental es cuando erupciona el primer diente. Sin embargo, es muy conveniente comenzar antes a manipular la boca del bebé y estar familiarizado con esta manipulación. Se realiza con un dedo envuelto en una gasa, recorriendo las encías de arriba y de abajo, de atrás hacia delante, así como el paladar, la lengua y los carrillos por dentro. A un bebé de cuatro meses este "masaje" le gusta; muchos de nosotros habremos metido alguna vez el dedo en la boca del bebé y habremos comprobado su capacidad de succión sobre nuestro propio dedo. No es desagradable para el bebé. Hay dedales de silicona, cepillos que en realidad son mordedores y existen marcas especializadas en productos para la higiene dental del bebé.

Podemos seguir con la gasita hasta que salga la primera muela. Los dientes son superficies lisas y es fácil limpiarlas con una gasa, pero las muelas ya tienen la zona de morder ("cara oclusal") irregular y, si no es con cepillo, no se van a desincrustar los restos de alimentos que se quedan en esos huecos, así que ese es el momento de hacer la transición al cepillo y comenzar, de paso, con la pasta de dientes.

Es también el momento, si, como hemos comentado anteriormente, el niño muestra señales de madurez suficientes, en que se pueden introducir alimentos sólidos, pues con las muelas se puede y se debe masticar, ya que están para eso. La dieta del bebé es el estímulo perfecto para desarrollar una oclusión adecuada. El efecto de la masticación es lo que hace que la articulación temporomandibular se desarrolle correctamente y, a su vez, que la mandíbula vaya creciendo y que los músculos se vayan alargando. La mandíbula al masticar debe frotarse contra el maxilar superior y ese frotamiento es lo que va a hacer también que el maxilar crezca. Una correcta masticación, por tanto, es el estímulo perfecto para el adecuado desarrollo de la cara. El comer cosas fibrosas y duras hace también su labor de "autoclisis", es decir, de arrastre y limpieza de los restos de alimentos más gruesos.

La higiene oral se debe llevar a cabo tres veces al día, tras las comidas principales. Si al niño se le cepilla correctamente antes de acostarse y luego mama durante la noche, la leche por sí sola no le va a producir caries. No es necesario cepillarle o pasarle una gasa después de cada toma, no hay ninguna prueba científica que demuestre que la lactancia materna produzca caries. En lo que sí hay consenso es en que el reducir al mínimo el consumo de azúcares de la dieta disminuye drásticamente el número de caries. Por tanto, la conclusión es que hay que cepillar tres veces al día desde la aparición del primer diente.

¿Cómo realizar la higiene dental?
El momento de la higiene oral debe ser visto por el niño como algo normal, igual que cortar las uñas. Puede ser que no sea la experiencia que más le guste del mundo, pero hay que hacerlo. Hace falta mucha paciencia, mucho tiempo, mucha dedicación y estar muy convencido de que es necesario.

Para el niño tiene que ser un momento de juego. Muchos niños, evidentemente, aprenden por imitación. Si los padres nunca se han lavado la boca delante de ellos va a ser mucho más complicado que entiendan que es bueno y necesario. Si el niño ha observado toda la rutina del cepillado, lo difícil va a ser que no juegue con los cepillos de toda la familia.

Aquí os damos varios consejos prácticos:

  • Tener varios cepillos de dientes infantiles, y específicamente uno para que el niño se lo lleve a la boca. Al menos otro para jugar en la bañera y para cepillar a sus muñecos o los azulejos del baño, que irremediablemente se perderá dentro del sofá o debajo de los asientos del coche.
  • En el momento del cepillado, la cabeza del niño debe estar estable. Se le puede sentar sobre las rodillas con la cabeza apoyada en el brazo y cepillar desde delante, o con la cabeza apoyada en nuestro pecho y nosotros cepillar desde atrás. También se le puede cepillar tumbado en la cama boca arriba.
  • El cepillo debe cogerse como si fuera un lápiz. Así los movimientos serán más precisos.
  • Es imprescindible levantar el labio superior para cepillar los cuellos de los dientes de arriba. Es la zona más crítica, donde comienzan las caries más agresivas, las que llamamos "caries de la infancia temprana". Insistir en las caras oclusales de las muelas (las que muerden).
  • El cepillado completo no debe durar más de un minuto.
  • Debemos cepillar personalmente al niño hasta más o menos los cinco años. Pero debemos revisar el cepillado sistemáticamente, siempre, después de cada cepillado, hasta los ocho años, es decir, hasta que veamos que el niño tiene ciertas capacidades bien desarrolladas, como puede ser atarse solos los cordones de los zapatos. Cepillarse bien es muy complicado. Es nuestra responsabilidad como padres asegurar que se haga correctamente.
  • Cuando el niño sea mayor, primero le cepillaremos nosotros y luego "repasará" él. Si lo hacemos al revés, el mensaje que el niño recibe es "da igual como lo haga, que siempre lo hago mal porque siempre me acaban repasando mis padres".
  • Si no hay espacios entre los dientes, hay que utilizar además el hilo dental.

¿Con pasta o sin pasta?
Para finalizar este artículo quiero abordar una cuestión importante: lavar los dientes de los niños con pasta de dientes o sin pasta.

Hasta fechas recientes, el consejo general era cepillar sin pasta si el niño no sabía escupir, por el riesgo de ingerir parte del dentífrico. Sin embargo, estudios actuales resaltan que, si queremos prevenir las caries, el cepillado debe ser con pasta de dientes fluorada con una cantidad entre 1.000 y 1.400 ppm (partes por millón). En niños que no saben enjuagarse, simplemente hay que poner una "raspada" de pasta de dientes sobre el cepillo. En niños mayores, lo equivalente a un grano de arroz. Y en adultos, como un guisante. Utilizar pastas con menos concentración de flúor tiene el mismo efecto que utilizar placebo. Así pues, los dentífricos indicados son los que usualmente se recomiendan para "niños mayores de 6 años".

Si cepillamos con pasta fluorada, es importante saber que no hay que enjuagarse después. Escupir sí pero enjuagarse no. Lo interesante del flúor es su acción tópica, que ejerce al estar en contacto con el esmalte. Ese contacto se pierde en caso de enjuagarse con agua.

Nos preguntamos si existe riesgo de fluorosis con estas cantidades. Los estudios revisados demuestran es que el riesgo es muy leve y, en todo caso, consistiría en suaves manchas blancas en los dientes que no se percibirían excepto en la revisión con el dentista. No son manchas que se vean a una distancia “social” ni que afecten a la estética. En nuestra sociedad el riesgo real es el de tener caries, como vemos por los datos epidemiológicos. El problema de las caries es real, existe, los dentistas vemos caries todos los días, en niños grandes, pequeños... No vemos fluorosis. Ver casos de fluorosis es realmente excepcional, y se dan en personas sometidas a ingesta crónica de agua de abastecimiento con elevada concentración de flúor en su composición, no por el uso de dentífricos tópicos, ni siquiera por el de suplementos fluorados por vía oral. Vemos fluorosis en los niños que vienen en verano procedentes de los campos saharauis por ejemplo.

En España, si la concentración de flúor sobrepasa ciertos límites en el agua de abastecimiento, las autoridades sanitarias hacen saltar las alarmas y se prohibe su consumo hasta que vuelvan a restablecerse los niveles normales. Así que, aunque la decisión en última instancia es de los padres, la balanza riesgo/beneficio está muy inclinada hacia el beneficio que supone el aporte de flúor en la reducción del número de caries en los niños.

Para más información:

  • The fidelity of initial acquisition of mutans streptococci by infants from their mothers. Li Y, Caufield PW. J Dent Res. 1995 Feb;74(2):681-5.
  • Factors associated with prevalence and severity of caries experience in preschool children. Declerck D, Leroy R, Martens L, Lesaffre E, Garcia-Zattera MJ, Vanden Broucke S, Debyser M, Hoppenbrouwers K. Community Dent Oral Epidemiol. 2008 Apr;36(2):168-78.
  • Caries-preventive effect of an oral health program for preschool children in a low socio-economic, multicultural area in Sweden: results after one year. Wennhall I, Mårtensson EM, Sjunnesson I, Matsson L, Schröder U, Twetman S, Acta Odontol Scand. 2005 Jun;63(3):163-7.
  • A systematic review and meta-analysis of the effects of fluoride toothpastes on the prevention of dental caries in the primary dentition of preschool children. Dos Santos AP, Nadanovsky P, de Oliveira BH. Community Dent Oral Epidemiol. 2012 Aug 10.
  • Cochrane reviews on the benefits/risks of fluoride toothpastes. Wong MC, Clarkson J, Glenny AM, Lo EC, Marinho VC, Tsang BW, Walsh T, Worthington HV. J Dent Res. 2011 May;90(5):573-9.

Sobre Irene Iglesias Rubio
Irene Iglesias Rubio es odontóloga y está especializada en la atención a bebés y niños.

Documentos de Irene Iglesias Rubio publicados en Crianza Natural

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