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¿Puede tener mi hijo autismo? Señales para reconocerlo

Publicado el miércoles, 03 de octubre de 2012. Autor: Anabel Cornago

¿Por qué mi hijo no reacciona cuando lo llamo por su nombre? Hoy le he dado un coche para jugar, y él sólo gira las rueditas. Le fascina observar las sombras que se proyectan en la pared, pero a nosotros no nos mira cuando interactuamos con él. Tiene rabietas y no comprendemos las razones. Coloca los objetos en línea, no señala lo que quiere sino que toma mi mano para llevarme a lo que desea; aún no sabe hacer el gesto de adiós con la manita… ¿Por qué no habla? ¿Por qué aletea las manos o camina de puntillas? ¿Por qué no se interesa por el juego de los otros niños?

Las frases anteriores son ejemplos de lo que comentan algunos padres. Y son las preguntas que yo misma me hacía cuando mi hijo Erik era pequeñito. La sospecha del autismo planeaba sobre nosotros en un cóctel de sentimientos que aunaba la incertidumbre, las dudas, la esperanza y los miedos. Cuando tenía dos años y cinco meses, llegó la confirmación: Erik tenía autismo infantil Kanner. Aunque suene un tanto extraño, leer en un papel la palabra Autismo fue un alivio. Por fin sabíamos qué le ocurría a nuestro pequeño. Ello desencadenó en mi marido y en mí una especie de fuerza. Ya habíamos llorado mucho… No era lo que deseábamos ni para nuestro hijo ni para nosotros, pero la realidad era así. Y había que seguir ADELANTE con ello.

Tomamos la decisión de que el autismo no iba a llevarse ni la alegría ni la felicidad de nuestra familia. Y tampoco le iba a robar el futuro a Erik. Deseábamos hacer lo mejor para poder ayudarlo.

Pasamos a la acción en busca de la terapia y de los apoyos que mejor pudieran contribuir al desarrollo de Erik. Desde un principio tuvimos muy claro que con una intervención temprana, lo más intensa posible, y con unos padres preparados e implicados al cien por cien iban a llegar avances y más avances.

Soy una madre orgullosísima por todo lo que mi pequeño ha conseguido en estos ocho años. Para mí es un campeón que se esfuerza todos los días, porque el autismo, no lo vamos a negar, no pone las cosas fáciles a nadie. Y tanto él como nosotros, sus padres, luchamos duro. Sí, somos una familia como cualquiera de vosotros. Una familia con sus días buenos y malos, pero una familia implicada que disfruta cada momento de felicidad (que son la mayoría).

¿Qué es el autismo?
El autismo es un síndrome, no una enfermedad, con un espectro muy amplio y es para toda la vida. Afecta de forma e intensidad diferentes, así que no hay dos personas con autismo iguales y por eso no se puede nunca generalizar. Por ello, hoy en día se habla de Trastornos del Espectro del Autismo (TEA). No existen pruebas médicas específicas para su diagnóstico, sino que éste se basa en la observación y valoración de la conducta del niño por parte de profesionales. Además, las personas con autismo no presentan ningún rasgo físico que las distinga.

Las pruebas científicas coinciden en establecer que los síntomas de los trastornos del espectro del autismo son el resultado de alteraciones generalizadas del desarrollo de diversas funciones del sistema nervioso central. La causa o causas están aún por dilucidar. Se nace con autismo. Se ha demostrado, más allá de cualquier duda razonable, que no hay ninguna relación causal entre las actitudes y las actuaciones de los padres y las madres y el desarrollo de los trastornos del espectro autístico.

Las áreas en las que se manifiesta son:

  • Dificultades (no incapacidad) en el lenguaje y la comunicación. Encontraremos personas que no hablan pero que se comunican con gestos o pictogramas, y personas capaces de dominar varios idiomas.
  • Dificultades (no incapacidad) en las relaciones sociales. Encontraremos personas que eluden el contacto visual o se aturden en ambientes ruidosos, y personas que ofrecen conferencias.
  • Intereses restringidos y repetitivos, que con una buena estimulación pueden ampliarse siempre.
  • Dificultades en el procesamienso sensorial.

Autismo no es sinónimo de personas indiferentes que viven aisladas en su mundo. Las personas con autismo sienten, interactúan, se comunican (con o sin lenguaje), comparten y son luchadores natos que se esfuerzan a diario.

Según el Instituto de Salud Carlos III, uno de cada 150 niños presenta algún trastorno dentro del espectro, y los últimos datos desde Estados Unidos hablan de 1 cada 90. Hay más de 300.000 afectados en España y 67 millones en todo el mundo.

Hoy en día, los avances se producen, muchas veces, a pasos de gigante. Con una estimulación adecuada, cuanto más intensa mejor, los niños con autismo evolucionan hacia metas impensables hace unos años. Por eso, deberíamos luchar todos juntos para favorecer la inclusión.

Señales del autismo



Entre los 18 y los 24 meses no señalan objetos ni intentan llamar la atención de las otras personas. No siguen miradas. Cuando quieren algo, toman la mano de otra persona para conducirla hacia el objeto deseado.



No hablan, o han comenzado a emitir algunas palabras y, de pronto, en torno a los 15 meses desaparecen. Muchos recuperan el lenguaje, otros nunca hablarán.



No imitan y tienen dificultades para entender los gestos de otras personas. Tienen problemas para comprender las emociones de otros y para canalizar sus propias emociones.



Pueden evitar el contacto corporal y con frecuencia el contacto visual es muy escaso.



Muestran fascinación por objetos que giran: ventiladores, aires acondicionados, molinillos, ruedas… También por determinadas superficies y efectos: chapas, sombras, motas de polvo…



Presentan movimientos extraños: aleteos de brazos, caminar de puntillas, giros de ojos, agitar los dedos, echar la cabeza hacia atrás…



Con frecuencia no reaccionan a su nombre; parecen “sordos".



Cuando hay lenguaje, este puede ser poco comunicativo. Algunos repiten frases o palabras (ecolalia) y pueden tener dificultades para expresarse.



Interés exagerado por temas muy concretos: tuberías, trenes, generadores, dinosaurios, planetas, mapas…



El juego no es creativo. Con frecuencia se entretienen con partes de los juguetes (ruedas) o arman interminables hileras de coches u otros objetos.



No demuestran interés por los otros niños ni juegan con ellos.



Muestran insensibilidad al dolor o, por el contrario, una sensibilidad exagerada.



No reaccionan, muestran miedo extremo o fascinación exagerada por determinados sonidos: batidora, cortacésped, aspiradora, taladro, secador, tañido de campanas…



En algunos casos, demuestran capacidades excepcionales en matemáticas, música, memoria…



Presentan dificultades ante los cambios, se adhieren a ambientes estables y rutinas.



Tienen con frecuencia rabietas y berrinches ante situaciones que nos cuesta entender o sin motivo aparente. En casos extremos, pueden producirse autolesiones.



Arañan, golpetean o chupan determinadas superficies. Es común que toquen y sigan determinadas superficies, como paredes, baldosas, verjas…



Pueden presentar risas exageradas sin motivo aparente.



Tienen problemas para compartir lo que están haciendo o sus vivencias. Por ejemplo, no llevan objetos de su interés a sus padres ni les enseñan sus dibujos.



Hay problemas con la comida (quieren todo pasado o quieren todo crujiente o de un color) y con el sueño.

Si tu hijo presenta tres o más de estas señales, acude a tu pediatra o a un profesional con la sospecha. Puede que no sea autismo, pero siempre es mejor prevenir. Una intervención temprana logra muchísimos progresos.

Al igual que todos los seres humanos, la posible realización de las personas con espectro autista es ilimitada. Las personas con Trastornos del Espectro Autista (TEA) comparten muchas características, necesidades y deseos con las personas de su edad sin autismo. Hay muchas cosas que diferencian a las personas con TEA, pero también hay muchas cosas en común. Como todos nosotros, tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Todos somos diferentes, pero todos tenemos los mismos derechos.

Ilustraciones de Moritz Liebeknecht


Sobre Anabel Cornago
Anabel Cornago es la madre de Erik, un niño con autismo. Puedes encontrar mucha más información en su blog: http://elsonidodelahierbaelcrecer.blogspot.com.es

Documentos de Anabel Cornago publicados en Crianza Natural

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