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Compartir la cama y colechar: Una revisión

Publicado el martes, 24 de julio de 2012. Autor: Helen Ball

En esta revisión se estudia la forma en la que los bebés duermen con sus padres. Exploramos las bases biológicas del contacto padres-bebé durante el sueño, comenzando desde una perspectiva antropológica, como práctica que se ha llevado a cabo en todas las culturas. Se tiene en consideración la relación entre las prácticas del sueño y la alimentación del bebé junto con la seguridad en diversos aspectos del colecho.

Introducción
En esta revisión se pretende tomar en consideración el lugar en que el bebé duerme por la noche y, más concretamente, el caso en que los padres comparten cama con un bebé recién nacido y/o colechan. Este es un tema referente al cuidado del bebé que está a caballo entre dos objetivos de la salud pública, ambos dirigidos a preservar la salud infantil y su bienestar: la promoción de la lactancia materna y la prevención de la muerte accidental y del síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). Los defensores de posiciones extremas en esta discusión tienen un interés real por las familias, pero los mensajes son en algunas ocasiones contradictorios, causando confusión y ansiedad en los padres, en los profesionales de la salud y en organizaciones que apoyan la crianza y que a veces se encuentran en medio del conflicto. Es muy importante, para poder comprender este tema y para poder ayudar a las parejas a tomar decisiones informadas, entender que no existe un único y simple mensaje apropiado que sirva para todas las familias y situaciones.

Puntos clave:

  • El contacto durante el sueño padres-bebé es un comportamiento humano predecible basándonos en la biología evolutiva de nuestra especie.
  • El colecho es un método común de cuidados nocturnos empleado por aproximadamente la mitad de los padres en el Reino Unido durante el primer mes de vida de su hijo.
  • Colechar y dar el pecho están fuertemente relacionados entre sí. Dormir en cercana proximidad con su bebé ayuda a las madres con la lactancia.
  • Datos de estudios epidemiológicos muestran que el colecho está asociado con un aumento del riesgo de muerte súbita en el caso de padres que son fumadores, consumen alcohol o drogas, o que duermen con su bebé en un sofá.
  • Los estudios realizados sobre los beneficios y peligros del colecho deberían tener en consideración QUIÉN está colechando, las circunstancias bajo las cuales se está colechando (DÓNDE Y CÓMO) y la forma en que se está se llevando a cabo.
  • No hay un mensaje simple sobre el colecho que encaje con las necesidades de todas las familias. Debería animarse a los padres a que evaluaran los riesgos y beneficios propios de sus circunstancias individuales y tomaran decisiones informadas sobre lo que es lo mejor para ellos y para su bebé.

Colechar como práctica evolutiva en el cuidado del bebé
Cuando tomamos en consideración las necesidades de las madres y los bebés, el punto de vista de la antropología ofrece una nueva perspectiva (en comparación con la epidemiología y la práctica clínica) al traer a la luz las tensiones que se producen al respecto del cuidado del niño.

Un examen antropológico debe comenzar esbozando las diferencias entre los cuidados del bebé de los humanos y de otros mamíferos. Esta comparación desde una perspectiva mamífera nos ayuda a definir tres cosas: a) los rasgos de los bebés humanos que son comunes a todos los mamíferos; b) los que son solo compartidos con nuestros parientes primates más cercanos; c) y aquellos que son únicos en la evolución de nuestra especie.

Los puntos en común fundamentales compartidos con otros mamíferos placentarios consisten en la producción de crías vivas relativamente bien desarrolladas que requieren de cuidados maternos postnatales con lactancia materna incluida (la definición característica de los mamíferos)[1].

La duración del periodo gestacional y el estado del desarrollo en el momento del nacimiento varía entre los mamíferos y generalmente se puede catalogar en uno de los dos grupos siguientes. Los recién nacidos altriciales son los menos desarrollados al nacer; típicamente nacen en camadas tras un periodo relativamente corto de gestación, no tienen pelo y son ciegos y sordos. Estas crías altriciales se mantienen en nidos donde reciben seguridad y calor mientras experimentan un periodo de rápido crecimiento y maduración. Son alimentados con poca frecuencia por madres que producen leche que es rica en grasa y que le cuesta a la cría varias horas digerirla.

En contraste, las crías precociales suelen nacer una a una o en parejas, están bien desarrolladas con pelaje, vista, oído y con coordinación de miembros. Las crías precociales típicas se pueden poner en pie y caminar al poco tiempo del parto, por lo que son capaces de mantenerse cerca de su madre, mamando frecuentemente y a demanda, siendo la leche que consumen relativamente baja en grasa pero alta en calorías (lactosa) proporcionando energía en una forma de rápida digesta[2].

Entre los primates (el orden al que los humanos pertenecen) una cría de mono, chimpancé o gorila se encuadra en la categoría precocial. Nacen después de un tiempo relativamente largo de gestación con pelo, vista, oído y la habilidad de aferrarse a su madre desde el nacimiento. Los bebés humanos se ajustan, como consecuencia de nuestra relación evolutiva a este patrón de primate precocial, ya que nacen con pelo, vista y oído. Pero también presentan lo que se llaman "características altriciales secundarias", sobre todo la falta de control neuromuscular, una consecuencia de los límites impuestos durante el embarazo en el desarrollo del cerebro por la evolución de la pelvis humana. Los bebés humanos nacen con un cerebro que tiene solo una cuarta parte del volumen del de un adulto (en comparación, los bebés chimpancés y gorilas ya nacen con un 50%) debido a las limitaciones de un canal de parto que se ha visto modificado para adaptarse a la posición erguida. Por este motivo, aunque muestren muchos rasgos precociales, los bebés humanos dependen de un cuidador, que ha de mantenerse en cercana proximidad para la regulación de funciones fisiológicas como la temperatura y la respiración durante los primeros meses de desarrollo de su cerebro[2] [3].

La leche humana tiene una composición similar a la que producen otros primates precociales, relativamente baja en grasa y proteína pero alta en azúcares (en forma de lactosa)[4]. Es una leche diseñada para crías que maman frecuentemente y a su propia voluntad, día y noche. Debido a su imposibilidad de agarrarse, sin embargo, los bebés humanos dependen de sus madres para asegurarse de que esta proximidad se mantiene. Datos etnográficos de sociedades de todo el mundo confirman que las madres en las culturas humanas están tradicionalmente en contacto con sus bebés 24 horas al día, llevándolos atados al cuerpo durante el día (porteándolos), durmiendo a su lado por la noche[5] y alimentándolos a demanda.

La consideración del neonato humano desde una perspectiva evolutiva pone de relieve y cuestiona la historia reciente de los cuidados maternales en nuestra sociedad.

"La moderna costumbre occidental de buscar un patrón de sueño independiente en la infancia es única y muy poco común entre las culturas mundiales pasadas y contemporáneas."[6]

Desde mediados de los años treinta, el sueño independiente y prolongado ha sido la señal de un "buen bebé" en muchas sociedades occidentales; la independencia temprana del bebé se ha visto como una meta en el desarrollo y su consecución como una medida de crianza más efectiva[7] [8]. Aun con todo esto, para la mayoría de las culturas del mundo, la separación del bebé de su madre para dormir es considerada un trato abusivo y negligente por el que los occidentales son criticados[9] [10].

En los Estados Unidos y en el Reino Unido los hogares en los que existen lugares separados para dormir para padres e hijos son históricamente recientes. Hace menos de dos siglos lo común era que la madre y el bebé durmieran el uno al lado del otro, e incluso que familias enteras durmieran juntas[11].

La importancia del contacto entre individuos en el desarrollo físico y psicológico de los niños fue revelado a mediados del siglo XX por los experimentos de Harlow y sus colegas con monos separados de sus madres al nacer[12]. Estudios posteriores en bebés humanos y en primates han demostrado que los sistemas fisiológicos más fundamentales en los bebés, como la respiración, el ritmo cardíaco, la arquitectura del sueño y la termorregulación, se ven afectados por la presencia o ausencia del contacto con los padres[13] [14] [15] [16]. Como consecuencia de esta investigación, las pasadas dos décadas (1989-2009) han sido testigos de: a) un nuevo reconocimiento de la importancia del contacto y del tacto para los bebés en el contexto de la mejora de la lactancia materna en cuanto a iniciación y duración[17]; b) un aumento de la consciencia del rol que la proximidad y la supervisión que los padres tienen sobre los bebés juega en reducir el SMSL (síndrome de muerte súbita) y las negligencias; y c) el impacto de la separación madre-hijo temprana en la salud mental a largo plazo[20]. Todo esto ha llevado a un resurgimiento en el interés en el contacto paterno filiar, especialmente durante el sueño.

TABLA 1: Prevalencia del colecho hasta los seis meses de vida

EstudioPrevalenciaMuestraComentarios
Van Sleuwen et al (2003)40%210Familias holandesas. Cuestionario
Tuohy et al (1998)43%6.268Familias neozelandesas Entrevistadas en clínicas
Gibson et al (2000)46%410Familias de Filadelfia. Cuestionario
Rigda et al (2000)46%44Familias australianas. Cuestionario
Ball (2002)47%253Familias en Reino Unido. Entrevistas/diarios de sueño
Brenner et al (2003)48%394Inner city (DoC). Madres entrevistadas
Willinger et al (2003)47%8.453Personal sanitario de USA (NISPS). Encuesta telefónica
Blari & Ball (2004)48%10.950Control familiar UK CESDI- Entrevista HV
Bolling et al (2007)49%12.290Madres del Reino Unido. Encuesta postal
Ateah & Hamlyn (2008)72%293Madres encuestadas en Manitoba, Canadá
Lahr et al (2005)77%1.867Familias de Estados Unidos. Encuesta PRAMS, Oregón

Dada la reconocida importancia del contacto cercano y la necesidad de la succión frecuente para el establecimiento de la lactancia, los antropólogos consideran que el contacto durante el sueño de la madre con el bebé es normal y típico de la especie, un comportamiento de crianza humano.

Durante los últimos 15 años más o menos, las investigaciones sobre el sueño del bebé al lado de sus padres en el Reino Unido y por todo el mundo han revelado que, al contrario que lo que se suponía[21], esta práctica es común en el cuidado del bebé.

Ball[22] [23] informó de que la prevalencia del colecho (dormir con el bebé en la misma cama) en el noreste de Inglaterra era del 47%, entre una muestra de 253 familias con bebés de un mes de vida, bajando al 29% cuando los mismos bebés tenían tres meses. Estos datos fueron confirmados cuando Blair y Ball[24] compararon el estudio anterior con datos del estudio CESDI UK 1095 de familias nacionales. Usando las mismas definiciones de colecho con idénticos puntos temporales, el 48% de las familias del control CESDI habían dormido con su bebé durante el primer mes, bajando al 24% a la edad de tres meses. El establecimiento de una línea de base en la prevalencia del 47-48% en el colecho con neonatos ha sido subsecuentemente replicada por estudios epidemiológicos en todo el mundo (ver tabla 1) y confirmada aun más por el Infant Feeding Survey (NT: Estudio sobre amamantamiento de bebés) de 2005 en el Reino Unido.

McCoy[26], Blair y Ball[24] calcularon que el 22% de los bebés pasaban alguna noche en la cama de sus padres durante su primer mes de vida. Estos datos indican que el que los padres duerman con sus bebés es una estrategia de cuidados nocturnos común en una gran variedad de países occidentales.

En uno de los primeros estudios que examinaba la práctica del colecho en el Reino Unido, Ball et al[27] descubrieron que, aunque muchos de los padres que estaban esperando un bebé no habían planeado inicialmente dormir con él, tres meses tras el parto, la mayoría lo había hecho. Era más habitual que fueran las madres y no los padres quienes durmieran con sus bebés, y en particular las madres que daban pecho. En un estudio posterior, Ball[23] informó de que el 72% de los bebés que habían sido amamantados durante un mes o más había dormido al menos ocasionalmente con sus padres, en comparación con el 38% de los bebés que no habían sido amamantados. Las madres del Reino Unido identificaban la “facilidad y conveniencia para amamantar” como el motivo principal para tener a sus bebés en la cama con ellas. Otras razones incluían el disfrute del contacto con su bebé, la ansiedad referida a la salud del bebé, la facilidad para calmar a un bebé nervioso y la filosofía de colecho de la familia. En solo un caso los padres dormían con su bebé por necesidad en vez de por elección.

Amamantar, colechar y el sueño del bebé
Muchas veces las madres primerizas no están preparadas para la frecuencia con la que su recién nacido lactante quiere alimentarse o para la duración en el tiempo de la lactancia nocturna[28] [23]. Los bebés amamantados se alimentan generalmente con tanta frecuencia durante la noche cuando tienen tres meses como cuando tienen un mes[29] [23]. Varios autores han reconocido que los despertares frecuentes durante la noche son un factor que contribuye a la introducción de la leche de fórmula en los bebés y, por lo tanto, que mina la lactancia materna exclusiva[30] [31], dada la percepción común (aunque errónea[32]) de que la leche de fórmula facilita el sueño. Para las familias comprometidas con la lactancia materna, dormir con sus bebés se convierte en una de las herramientas con las que pueden hacer frente a las frecuentes tomas nocturnas o a los diferentes horarios de sueño[32] [22] [26].

Ya se había observado que las madres que comenzaban a colechar durante el primer mes de vida de su bebé tenían más probabilidades de seguir amamantándole cuando llegaba a los cuatro meses de vida, en comparación con mujeres que habían amamantado a su bebé en ausencia de colecho temprano[23]. No estaba claro, en cualquier caso, si las madres que sentían el compromiso de amamantar a largo plazo estaban predispuestas al colecho de entrada, o si había una conexión fisiológica que conectaba el colecho con el éxito en la lactancia. Investigaciones previas indicaban que cuando los bebés colechaban succionaban con más frecuencia de noche que cuando dormían en su propio espacio[34].

Siendo la succión frecuente un factor clave, completamente demostrado, asociado con un establecimiento exitoso de la lactancia, el dormir junto al bebé podría tener el potencial de mejorar el porcentaje de éxito de la lactancia. Y aun así, el rooming-in (NT: que el bebé duerma en la habitación con su madre en el hospital), que es el estándar en los servicios hospitalarios de posparto, supone el bebé duerma separado de su madre en una cuna.

Para poder examinar como el contacto madre-hijo durante el sueño podía contribuir al establecimiento y continuación de la lactancia, Ball et al[35] llevaron a cabo una prueba controlada aleatoria (RCT) en un hospital del Reino Unido. Los detalles completos del protocolo de la prueba pueden encontrarse en el informe clínico[35]. Varias diadas madre-bebé aleatorias fueron grabadas en vídeo durante la noche en tres localizaciones del servicio de posparto: 1) el bebé en la cuna estándar al lado de su madre, 2) el bebé en una cuna sidecar sujeta a la cama de la madre, 3) el bebé en la cama de la madre con protecciones a los lados de la cama. Llamaremos a estas localizaciones cuna, cuna sidecar y cama, respectivamente. El resultado de esta prueba fue que los bebés en la cama o en la cuna sidecar mostraban una cantidad significativamente mayor de intentos exitosos de succión que los bebés en la cuna, sin encontrar diferencias significativas en las frecuencias medidas de succión entre la cama y la cuna sidecar[35]. El uso de la cuna estándar dificultaba la lactancia al introducir una barrera entre la madre y el bebé que obstaculizaba el contacto, inhibiendo la capacidad del bebé de vincularse y comenzar la succión, difuminando las señales que el bebé mandaba a la madre, y, por su altura, evitando que las madres pudiesen recuperar a sus bebés sin ayuda o sin salir de la cama y, por tanto, dificultando substancialmente la facilidad y velocidad de la respuesta materna.

La respuesta rápida a las señales de necesidad de alimentación del bebé y a la succión frecuente en el periodo neonatal temprano son elementos esenciales para asegurarse la producción exitosa de leche, un proceso controlado por la hormona prolactina[36] [37]. La madre produce más prolactina cada vez que el bebé intenta alimentarse, así que los intentos frecuentes son claves. Facilitar esta proximidad entre la madre y el bebé durante las noches posteriores al nacimiento es especialmente importante, ya que amamantar durante la noche activa una mayor liberación de prolactina que durante el día[38] [39]. La producción copiosa inicial de leche (lactogénesis II) está modulada por la cantidad de prolactina segregada, y una estimulación frecuente de la secreción de prolactina en el periodo entre el nacimiento y la lactogénesis II aumenta la producción de leche posterior [40], mientras que la succión poco frecuente está relacionada con un retraso en la lactogénesis II[41] [42]. La relación entre la succión frecuente y temprana y el momento y volumen en que se produce gran cantidad de leche a través de la prolactina explica el mecanismo fisiológico que une el contacto durante el sueño de la madre y el bebé con la mejora del inicio de la lactancia[43].

Además de resultar críticos en el inicio de la lactancia, los niveles altos de prolactina son también importantes en la consecución de lactancias prolongadas y exitosas. El mantenimiento de la lactancia depende del adecuado desarrollo de los receptores de prolactina en el tejido mamario[44] resultante de las tomas frecuentes en los primeros días tras el parto[45]. Estos receptores de prolactina son también cruciales tras el cambio del sistema endocrino al autocrino[46]. Esto significa que la alimentación temprana frecuente no solo llevará a un establecimiento efectivo de la producción de leche, sino que mejorará su continuo mantenimiento.

Una razón habitual de las mujeres para dejar de dar de mamar es una percepción errónea o una insuficiencia real en la producción de leche[25], sugiriendo un desarrollo inadecuado de los receptores de prolactina en las fases iniciales de la lactancia. Ya que esto puede ser consecuencia de succiones infrecuentes, particularmente por la noche, podríamos hipotetizar que estos mismos niños, durmiendo al lado de sus madres ya desde el hospital, como se observaba en el estudio descrito anteriormente (cama o cuna sidecar), obtendrían mejores resultados a largo plazo en la lactancia que los bebés colocados de forma aleatoria en una cuna independiente.

Para probar esta hipótesis entrevistamos telefónicamente a las familias a las 2, 4, 8 y 16 semanas de vida del bebé para comprobar el estado de la lactancia tras el alta hospitalaria. De todas las madres que iniciaron la lactancia en el hospital, a las 16 semanas solo un 43% de los bebés que habían estado en una cuna seguían mamando, en comparación con un 73% de los que habían estado en la cuna sidecar y un 79% de los que habían estado en la cama junto a la madre[43].

Aunque este estudio no fue pensado para valorar el impacto de la proximidad madre-bebé en los resultados de lactancias prolongadas, estos datos indicativos sugieren que está justificada la realización de un estudio específico para ello.

La evidencia a día de hoy, en cualquier caso, refuerza la importancia del contacto madre-bebé durante el sueño de cara a facilitar y apoyar la lactancia. El poder valorar si las cunas sidecar podrían ser beneficiosas o no en el ámbito del hogar o ante ciertas contraindicaciones para colechar (por ejemplo, en bebés prematuros o padres excesivamente cansados) tendrá que esperar a los resultados de futuras investigaciones.

El contacto padres-hijo durante el sueño en el Reino Unido y alrededor del mundo.
Es importante clarificar la terminología cuando se habla de la ubicación de padres e hijos al dormir, ya que los investigadores y profesionales han establecido diferentes usos para los términos "colecho" y "sueño compartido" (NT: Hasta este momento en el artículo se ha utilizado el término colecho indistintamente para ambos).

Entre la literatura de investigación antropológica y epidemiológica (incluyendo la mayoría de los estudios de control de riesgo de la muerte súbita del lactante y de los estudios sobre el sueño padres-bebé), el término "colecho" ha sido utilizado para designar a los adultos y niños que comparten la misma superficie para el sueño. Técnicamente, su uso debería estar restringido a "compartir la misma cama". Sin embargo, el compartir el sofá u otras superficies similares ha quedado englobado dentro de los estudios referidos al colecho.

Entre los investigadores, el "sueño compartido" hace referencia a padres e hijos durmiendo cerca, pero no necesariamente en la misma superficie. Esto podría incluir, por tanto, dormir en la misma habitación con la cuna del bebe unida a la cama (cuna sidecar) o a padres e hijos durmiendo en colchones adyacentes. En la definición de colecho hay un subgrupo de sueño compartido, pero no todo el sueño compartido es colecho. También utilizaríamos el término colecho para denominar el que el bebé duerma alguna noche en la misma cama con uno de los padres o con los dos, aunque no necesariamente cada noche.

Entre los profesionales de la salud se usan comúnmente otros significados. Por ejemplo, colecho a veces toma el sentido de "llevar al bebé a la cama para alimentarlo estando la madre o su cuidador despiertos", mientras que sueño compartido se refiere a veces a "dormir en la cama con el niño".

En este artículo y en los estudios citados en él, los términos "colecho" y "sueño compartido" son usados de acuerdo a las definiciones basadas en los estudios mencionados anteriormente.

Algunas autoridades sanitarias sugieren que el hecho de que padres e hijos compartan cama es una práctica cuestionable que debería ser abandonada y que los profesionales tendrían que desaconsejar, debido a las preocupaciones relativas al SMSL y/u otras muertes accidentales infantiles, utilizando como base para este argumento las características de bebés que fallecieron y ciertos controles emparejados realizados en estudios en poblaciones amplias.

El poner a los bebés boca abajo para dormir, el que los padres sean fumadores, la pobreza y la edad maternal joven son factores ampliamente reconocidos asociados a un mayor riesgo de muerte súbita[50]. Sin embargo, las estimaciones del riesgo relativo de SMSL en el contexto del colecho varían ampliamente. Aunque McKenna[51] hipotetizó sobre el efecto protector del colecho contra el riesgo de SMSL en base a una perspectiva evolutiva, estudios epidemiológicos solo han encontrado un efecto protector en la práctica del “sueño compartido”. Las evaluaciones sobre el impacto del colecho en el riesgo del SMSL en el Reino Unido van desde ningún aumento de riesgo para los bebés de padres no fumadores, hasta un valor doce veces superior para los niños que compartieron sofá para dormir con padres fumadores[52]. Las conclusiones no son claras porque los estudios de diferentes países usan criterios distintos para definir el colecho[53] [54] [55] [56] y esto ha dado lugar a un abanico confuso de estadísticas que no son fácilmente comparables [57] [58]. Hauck et al[53] por ejemplo, incluyeron padres y otros cuidadores en una misma categoría de colecho en el estudio que realizaron en Chicago, mientras que el estudio de la ECAS (European Concerted Action on SIDS, NT: Acción Concertada Europea para el SMSL)[54] definió colecho como dormir sólo con uno o los dos padres. Un control escocés sobre SMSL[55] incluía en los casos de "muerte mientras se colechaba" no solo la de los bebés encontrados muertos en la cama del adulto, sino también las de los bebés que fallecieron en su cuna pero que habían estado en la cama de los padres previamente la misma noche, mientras que un reciente control irlandés[56] incluye las muertes durmiendo en el sofá en la definición de colecho. Estas definiciones tan variadas implican que, para intentar averiguar cuáles son los auténticos elementos de riesgo en el colecho sobre los que debiéramos prevenir a los padres, se ha de indagar más profundamente en la forma en que los diversos estudios fueron realizados, y no simplemente confiar en las conclusiones de cabecera de los autores (o de los medios). Más aun, estos estudios ignoran constantemente los datos sobre la alimentación de los bebés al calcular los riesgos relativos asociados a esta práctica.

Hasta que no se recojan datos más apropiados, es imposible averiguar si el contacto durante el sueño relacionado con la lactancia constituye un riesgo para los bebés. De todas formas, es poco probable que exista algún riesgo potencial de gran magnitud[59] ya que la lactancia materna está asociada en diversos estudios[53] [60] [61] a un menor riesgo de muerte súbita en comparación con la alimentación artificial.

Los temas clave que sustentan las visiones conflictivas sobre el colecho giran sobre QUIÉN está colechando, las circunstancias bajo las cuales se colecha (CÓMO Y DÓNDE), y la forma en la que el colecho se lleva a cabo.

Numerosas publicaciones sobre el comportamiento durante el sueño han documentado como las díadas madre-bebé que comparten cama rutinariamente y duermen juntas lactando tienen un alto grado de orientación mutua (duermen frente a frente) y de coincidencia en el despertar (se despiertan al mismo tiempo) (ver [62] para una revisión general). En años recientes estos estudios han sido repetidos en al menos tres escenarios distintos, y se ha observado que las diadas lactantes muestran comportamientos consistentes al colechar, sin importar si dormían en una pequeña cama de hospital, una cama grande en un laboratorio de sueño o en casa, en camas desde sencillas hasta de matrimonio.[63] [64] [65] .

En estos estudios se observa que las madres duermen en una posición lateral, de cara a su bebé, y encogidas alrededor de él. Los bebés se sitúan al nivel del pecho de la madre y duermen en el espacio creado entre el brazo de la madre (colocado encima de la cabeza del bebé) y sus rodillas (colocadas bajo los pies de su bebé).[63] [64] [65]. Los resultados acumulados de estos estudios nos ofrecen una gran fuente de información sobre la lactancia relacionada con el colecho, y sugieren que las posiciones características de las madres representan una parte instintiva del comportamiento de una madre lactante para proteger a su bebé durante el sueño[67]. Aunque este comportamiento evolucionó en un contexto de sueño muy diferente al de las camas y ropa de cama occidental actual, el principio de la protección infantil sigue siendo igual de efectivo. Cuando las madres lactantes duermen con sus bebés, construyen un espacio encogiendo su cuerpo en el que el bebé pueda dormir, protegiéndole de los peligrosos factores ambientales, sean estos predadores, frío, el riesgo de asfixia por colchas y almohadas, o la pareja.

Parece, entonces, que los bebés que comparten cama y las madres que dan el pecho evitan los potenciales peligros de dormir en la cama de un adulto (por ejemplo, asfixia, aplastamiento, que la cama haga una forma de cuña por el peso y el bebé caiga ahí, que se quede atrapado…)[68], gracias a la presencia y al comportamiento de las madres. Sin embargo, es interesante puntualizar que se han observado diferencias notables en el comportamiento al colechar entre madres que dan pecho y madres que dan biberón[64]. En un estudio que compara familias grabadas en vídeo durmiendo en el entorno de su hogar, los bebés alimentados con lactancia artificial generalmente eran situados más arriba en la cama, a la altura de la cara de los padres, y colocados entre las almohadas o encima de estas. Por contra, los bebés alimentados al pecho, estaban siempre colocados en plano sobre el colchón, debajo de la línea de la almohada y a la altura del pecho de la madre.

Las madres que alimentaban artificialmente a sus bebés pasaban un tiempo significativamente menor de cara a su bebé y en orientación mutua que las díadas que lactaban, y no adoptaban la posición "protectora" durante el sueño con el mismo grado de consistencia. Las madres lactantes y sus bebés experimentaban una mayor frecuencia de "despertares" durante el sueño, y una parte significativamente mayor de estos también estaba sincronizado (la madre y el bebé se despertaban a la vez), en comparación con las madres y bebés con lactancia artificial[64].

El patrón de estas diferencias se entiende claramente mediante la comprensión de los mecanismos fisiológicos que median en el comportamiento maternoinfantil. Las madres lactantes experimentan unos ciclos hormonales que fomentan el contacto cercano y que aumentan la capacidad de respuesta y el vínculo con los bebés de una manera que se encuentra ausente o disminuida en gran medida en las madres que no amamantan [69].

Las implicaciones en este caso (el hecho de que las madres lactantes y sus bebés duermen juntos de manera cualitativa y cuantitativamente diferente que las madres y bebés que no amamantan) sugieren que el que los estudios epidemiológicos sobre el colecho no hayan tenido en cuenta la forma de alimentación como una variable, puede haber conducido a resultados inapropiados al señalar los factores de riesgo asociados a dormir con el bebé. Esperamos que en el futuro los epidemiólogos reexaminen este tema.

Las implicaciones de estos estudios sobre colecho con bebés que se alimentan con leche artificial continúan siendo ambiguas. Aunque tenemos ciertas evidencias de que las madres que habían amamantado previamente, o que comenzaron amamantando y después cambiaron al biberón, mantienen las características referentes a la forma de colechar de las madres lactantes[69], resulta una incógnita actualmente si las que nunca han amamantado pueden aprender a dormir con sus hijos de la misma manera. Aunque sería de sentido común asegurar que las madres (y padres) que nunca han amamantado y que duermen con sus bebés son conscientes de las posiciones seguras y de las implicaciones de los comportamientos al colechar, no sabemos actualmente si pueden mantener el mismo nivel de vigilancia y sincronía durante el sueño que muestran las madres lactantes. De momento algunas autoridades en el tema sugieren que las parejas que no dan el pecho dejen a su bebé en una cuna adosada a la cama para dormir[70].

Mientras tanto, los padres necesitan información con la que poder tomar decisiones informadas, y debieran ser alentados a sopesar cualquier riesgo potencial y los beneficios del colecho bajo la luz de sus propias circunstancias. A todos los padres se les debería ofrecer información sobre:

  • Factores conocidos que aumentan el riesgo de muerte súbita durante el colecho, incluyendo padres fumadores (particularmente madre fumadora durante el embarazo), edad maternal joven, prematuridad del bebé, etc.
  • Aspectos de la cama familiar que debieran modificarse con la seguridad infantil en mente, por ejemplo, huecos entre la cama y la pared u otros muebles, proximidad del bebé a las almohadas o tipo de cama utilizado.
  • Comportamiento de los padres antes de acostarse, como consumir alcohol, drogas o medicación que afecte a la capacidad de despertarse.

Esta información está claramente detallada en el folleto de UNICEF "Sharing a bed with your baby (Compartir la cama con tu bebé)" [70] y en la web de NCT [71].

En resumen, podemos decir que no existe una respuesta simple que pueda contestar todos los complejos temas que rodean a un tema como el de colechar y no es realista pensar que lo vaya a haber en un futuro próximo.

Implicación para los servicios de maternidad
Durante los últimos años, debido a cambios en los consejos referentes a los riesgos asociados al colecho y a cierto alarmismo en los medios de comunicación, el NHS Trust (NT: Sistema Sanitario del Reino Unido) se ha visto apremiado a retirar la información sobre este tema de las áreas de pacientes y a introducir protocolos restrictivos sobre lo que los profesionales de la salud pueden aconsejar a los padres sobre cómo dormir con su bebé recién nacido. Está posición del NHT Trust debilita los derechos de los progenitores a tomar una decisión informada respecto a este tema. Los servicios de maternidad deberían tener como meta ofrecer información equilibrada a los padres, tanto de los pros como de los contras, de dormir con su bebé, incluyendo investigaciones recientes sobre lactancia y el síndrome de muerte súbita. La posición del Royal College of Midwives (Colegio Oficial de Matronas del Reino Unido) sobre la obligación de las matronas de proveer información sobre todos los aspectos del colecho es completamente clara al respecto y no deja lugar a dudas.

Este artículo fue traducido y publicado con expreso consentimiento de la autora, Helen Ball. Publicado con permiso del NCT, la organización benéfica más grande del Reino Unido. Visita www.nct.org.uk para más información.

Referencias

En castellano: Artículo de la Revista Pediatría de Atención Primaria.

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Sobre Helen Ball
Helen Ball es profesora de la Universidad de Durham y una reconocida antropóloga especializada en la ecología del sueño de bebés, niños y sus padres.

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