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El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)

Publicado el martes, 28 de enero de 2014. Autor: Imma Abad Algarra

¿No será mi hijo hiperactivo?

Desde hace ya varios años observo, en mi labor como psicóloga, una preocupación creciente de los padres hacia el trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Cada vez más padres consultan para averiguar si su hijo es hiperactivo y tengo que confesar que, como madre, también me he encontrado a menudo haciéndome esta misma pregunta.

Pero la realidad estadística nos muestra que esto no es así. De hecho, de acuerdo con el manual de Diagnóstico y Estadístico DSM-IV, el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad afecta entorno al 3-5% de la población infantil, porcentaje que está por debajo de otros trastornos infantiles como por ejemplo la enuresis (7%) o el trastorno disocial (9-16% en varones).

¿Qué ha motivado esta creciente alarma social? Niños inquietos e información sesgada.

En gran medida, esta creciente preocupación es causada por información masiva, y muchas veces poco documentada, a la que tienen acceso los padres. Un ejemplo de ello es un documento del Centro de Formación Londres donde se infería la gran cantidad de niños hiperactivos en España a través de la pregunta: "¿Cree que su hijo es inquieto?"

Obviamente el número de respuestas positivas era muy alto. Es fácil pensar que nuestro hijo es muy inquieto, ya que:

  • Los adultos nos relacionamos con un mayor número de adultos que de niños, y el comportamiento de estos últimos presenta mucha mayor activación física.
  • Excepto en el caso de profesionales ligados al mundo de la infancia, no disponemos de referencias que nos permitan comparar si nuestro hijo es más inquieto que el resto de su grupo de iguales.
  • El ritmo que marca la sociedad deja poco lugar a la energía y paciencia que requieren los niños (a las 19.00 h, agotada después de toda una jornada, mis dos hijas me parecen demasiado inquietas).
  • Mantenemos esquemas antiguos para valorar a los niños: hace tiempo que me pregunto si los niños actuales, su entorno y las herramientas que forman parte su día a día, se parecen a los de generaciones pasadas. Quizá deberíamos trazar un perfil actualizado de los niños.
  • Vivimos en la sociedad de la adrenalina: la rapidez, la estimulación y la activación marcan nuestra vida diaria y la de nuestros hijos, no sólo a través del ritmo de vida, sino también a través de la televisión, los videojuegos, etc.

Pero una respuesta afirmativa a la pregunta de si nuestro hijo es demasiado inquieto no quiere decir, de ninguna manera, que sea un niño hiperactivo. El TDAH, como todos los trastornos psicológicos, presenta una serie de patrones de comportamiento cuya existencia y observación son los que nos tienen que ayudar a determinar la existencia o no del trastorno.

Definición y criterios de diagnóstico para el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad

Históricamente, el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad ha producido un gran desacuerdo entre profesionales; valga como muestra que a lo largo de los años ha ido cambiando el nombre del trastorno, así como de los criterios necesarios para su diagnóstico.

No obstante, bajo mi punto de vista, hay algunos puntos clave que nos ayudan a determinar la existencia del trastorno:

  • Que exista un Déficit de Atención, importante y significativo, lo que implica que afecta a la vida del niño en más de un ambiente y le impide llevar a cabo casi cualquier tarea (acorde a su edad) de forma continua.
  • Que exista impulsividad y ello se refleje a nivel motor (hipercinético) o verbal (verborrea). Y que ello afecte también a su vida diaria, presentándose, además, en más de un ambiente, y no pudiendo ser controlado por el niño.
  • Que este comportamiento no encuentre su explicación en otras causas. Y creo que aquí cabe una gran autocrítica por parte de los profesionales, quienes deberían afilar el diagnóstico, descartando otras hipótesis como daño cerebral, ambiente desestructurado, enfermedades respiratorias, y un largo etcétera de posibles explicaciones de los síntomas presentados.

Más concretamente, el Manual de Diagnóstico y Estadístico DSM-IV, especifica los siguientes síntomas para considerar la existencia del trastorno:

Dificultades para mantener la atención y la concentración

  • No presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades.
  • Tiene dificultades en mantener la atención en actividades lúdicas.
  • Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • No sigue instrucciones y no finaliza tareas u obligaciones.
  • Tiene dificultad para organizar tareas o actividades.
  • Le disgusta o evita dedicarse a tareas que requieran esfuerzo mental sostenido, como trabajos escolares o domésticos.
  • Extravía objetos necesarios para tareas o actividades (juguetes, ejercicios escolares, lápices o libros).
  • Se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.
  • Es descuidado en actividades diarias.

Dificultades en el control de la hiperactividad

  • Mueve en exceso manos o pies, se remueve en el asiento.
  • Abandona el asiento en clase o en otras situaciones donde se espera que permanezca sentado.
  • Corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo.
  • Tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.
  • Está "en marcha" o suele actuar como si tuviera un motor.
  • Habla en exceso.

Dificultades para controlar la impulsividad

  • Se precipita al responder o lo hace antes de haber oído la pregunta completa.
  • Tiene dificultades para guardar turno.
  • Interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros.

¿Cómo tratar a un niño diagnosticado de TDAH?

Tan importante como hacer un correcto diagnóstico de la hiperactividad, es el tratamiento que apliquemos una vez diagnosticada la existencia del mismo.

Tratamiento farmacológico: El tratamiento farmacológico se basa en la administración de psicoestimulantes, concretamente anfetaminas o metilfenidato. Estas substancias aumentan la dopamina y la noradrenalina (neurotransmisores ligados a las funciones de placer, movimiento y atención). A pesar de ser psicoestimulantes, tienen un efecto relajante en niños con TDHA, puesto que éstos ya no necesitan buscar la estimulación de forma externa.

Puesto que se trata de una medicación que afecta al Sistema Nervioso, sólo debería aplicarse cuando no existan más opciones de tratamiento, cuando haya un diagnóstico absolutamente claro, y cuando la vida del niño esté siendo realmente afectada por el trastorno. Estas precauciones se deberían incrementar cuanto menor edad tenga el niño, y no darse en ningún caso a niños de edad preescolar que están en pleno desarrollo de su sistema nervioso.

Algunos de los efectos secundarios de estos fármacos son: falta de apetito, insomnio, cefaleas, humor deprimido, irritabilidad, tics nerviosos o erupciones cutáneas, entre otros.

Sin embargo, y contrariamente a lo que pueda parecernos por sentido común, el tratamiento farmacológico se está convirtiendo en el más extendido para tratar a los niños con TDHA. Se ha banalizado la administración de psicofármacos a la población infantil, contribuyendo a ello publicaciones de empresas farmaceúticas que simplifican y generalizan, tanto el trastorno como el tratamiento farmacológico.

Tratamiento conductual: Se basa en técnicas de modificación de la conducta destinadas a aumentar la intensidad o frecuencia de comportamientos positivos, enseñar conductas nuevas o eliminar conductas inadecuadas.

Tratamiento cognitivo: El objetivo principal del tratamiento cognitivo es controlar la impulsividad típica de los niños con TDHA. Mediante técnicas de autocontrol se pretende mejorar las habilidades sociales del niño, así como su capacidad de reflexión.

Tratamiento psicopedagógico: Tiene por objetivo trabajar tanto cuestiones relacionadas con los aprendizajes escolares, como las estrategias utilizadas para aprender.

Tratamiento visual: Estudios científicos han demostrado una gran relación entre las anomalías binoculares y los desórdenes de atención e hiperactividad. Por ello, cada vez más profesionales recomiendan la terapia visual para niños con TDHA.

Se trata de enseñar al cerebro a controlar de forma adecuada los músculos oculares, consiguiendo mejorar la capacidad de atención visual, oculomotricidad, discriminación visual, acomodación y binocularidad.

Dada la complejidad de este trastorno, sólo un tratamiento multidisciplinar, que contemple la realidad particular de cada niño, así como toda su esfera emocional, social y física, puede realmente mejorar un cuadro que suele llegar a consulta con un despliegue demasiado amplio para atenderlo mediante un solo enfoque.

El papel de los padres dentro del enfoque multidiciplinar

Independientemente de los tratamientos profesionales, los padres pueden realizar cambios si consideran que su hijo presenta una inquietud excesiva, un exceso de impulsividad o baja capacidad de atención:

  • Establecer rutinas adecuadas. Y ello implica tanto respetar los horarios de comida, sueño,…como limitar la TV y los videojuegos, así como dedicar un tiempo diario a una actividad dedicada al niño (se recomienda un mínimo de media hora dedicada solo a él: para jugar, hablar, leer,…)
  • Actividades adecuadas: Es importante atender adecuadamente el ritmo del niño; pensar no solo en los horarios más adecuados para él, sino en qué tipo de actividades le proponemos en cada momento: motoras, perceptivas,…
  • Alimentación saludable:
    • Desayuno completo (leche, cereales, fruta,…)
    • Alimentos con hierro: carnes, legumbres, verduras verdes,…(una vez al día)
    • Disminuir el consumo de alimentos con grasas y azúcares (snacks, patatas fritas, golosinas, galletas rellenas, helados, zumos, pizzas,…)
    • Tener una especial precaución con el consumo de bebidas de gaseosas, sobre todo de cola.
  • Dar la posibilidad al niño de ejercer una actividad extraescolar adecuada a sus intereses: deporte, música, teatro, danza,…Este tipo de ejercicios permiten desarrollar habilidades sociales, emocionales y de autocontrol motor, que habitualmente quedan en un segundo plano en la educación escolar.
  • Comunicación adecuada:
    • Asegurarnos siempre de que cuando le damos una directiva nos está escuchando (por ejemplo estableciendo contacto visual y evitando que en ese momento haya estímulos distractores)
    • No caer en la repetición excesiva. Intentando que las directivas sean lo más simples posibles y de una en una.
    • Encontrar el momento adecuado para comunicarnos con él, empezando por escucharle sin interrumpirle. No es positivo caer en una comunicación dónde nosotros sólo preguntamos y él sólo responde.

En resumen: buen diagnóstico y elección del tratamiento, claves en la lucha contra el TDAH.

Si realizamos un buen diagnóstico diferencial, probablemente contribuiremos a no tratar a todos los niños como hiperactivos, ya que, cuando lo hacemos, además de correr el riesgo de medicarlos de forma innecesaria, estamos impidiendo solucionar problemas que quizá han quedado encubiertos tras un falso diagnóstico.

Para ello, es necesario evitar el sesgo de nuestra sociedad actual de considerar muchos de los comportamientos habituales de los niños como enfermedades en sí mismas.

No obstante, si finalmente determinamos que nuestro hijo padece TDAH, es entonces cuando la elección del tratamiento es crítica. Es aquí donde, de nuevo, es necesario evitar la búsqueda de cambios rápidos y soluciones milagrosas, que en muchas ocasiones llevan a medicaciones innecesarias en los niños.

Referencias:

  • http://www.mailxmail.com/curso-psiquiatria-guia-psiquiatrica-ninos-adolescentes-5-11/hiperactividad-epidemiologia. Acceso: 13 de febrero de 2012
  • http://www.psiquiatria.com/medikinet/docs/Kinet_News_1.pdf
    • DSM-IV Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Masson S.A, Barcelona, 1995
    • Puig, C. i Balés, C, estrategias para entender y ayudar a niños con déficit de atención con o sin hiperactividad, Ediciones CEAC, Barcelona, 2003
    • Benasayag, León. TDHA. Niños con déficit de atención e hiperactividad. ¿Una patología de mercado? Editorial CEP. Madrid, 2009.
    • Moreno García, Inmaculada. Hiperactividad Infantil. Guía de actuación. Ediciones Pirámide, 2008.
    • http://comunicacio.uib.cat/digitalAssets/128/128146_hiperactcast.pdf Acceso 13 de febrero de 2012
    • http://www.psiquiatria.com/articulos/trastornos_infantiles/hiperactividad/35174/
    • http://upcommons.upc.edu/pfc/bitstream/2099.1/7876/1/TFM-Mª%20Carmen%20Pardo.pdf

Sobre Imma Abad Algarra
Imma Abad es psicóloga infantil y madre de dos niñas. Puedes contactar con ella en http://www.psicologainfantilonline.com

Documentos de Imma Abad Algarra publicados en Crianza Natural

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