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Bebés descalzos, bebés felices

Publicado el martes, 08 de marzo de 2011. Autor: Cecilia Galli Guevara

¿Hay que calzar a los bebés que todavía no caminan? Un trabajo apunta que no sólo no es necesario, sino que además puede ser negativo para el desarrollo de su inteligencia.

Zapatitos pequeñitos, rosados, celestes, con brillos y piedras, o como las zapatillas de correr de papá… pero de 10 centímetros de largo. Todo indica que los escarpines que tejían las abuelas han pasado de moda: ahora, los negocios de ropa para bebés ofrecen todo tipo de opciones para calzar a los más chicos de la casa, aunque ellos todavía no puedan caminar. Pero, más allá de los estilos en auge, ¿es bueno calzar a los niños no andantes? Un trabajo indica que vestir a los bebés de pies a cabeza puede ser negativo para su desarrollo.

Durante los primeros meses de vida, cuando el cerebro se desarrolla a mayor velocidad, los pies son altamente sensibles y les sirven a los bebés para procesar información. El artículo "Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes", elaborado por Isabel Gentil García, Profesora de la Escuela Universitaria de la Universidad Complutense de Madrid, justifica la necesidad de dejar descalzos a los niños no andantes. La autora sostiene que el movimiento físico y el estímulo sensorial del bebé a través de los pies descalzos es un factor de aceleración de la maduración, del desarrollo propioceptivo y del desarrollo intelectual del niño.

"Hemos presenciado cómo profesionales de la salud aconsejan calzar a niños de estas edades", dice el artículo. Y continúa: "Hay otro sector de profesionales que entendemos que no sólo no es necesario calzar a los niños en esta etapa (exceptuando en ambientes fríos y con el fin de abrigar), sino que es perjudicial para su desarrollo". Frente a la diversidad de criterios, Isabel Gentil García estudia los motivos científicos que aconsejan no calzar a los niños preandantes: fuentes bibliográficas relacionadas con el desarrollo psicomotor del niño, tratados de neurología y fisiología. También analiza diversas teorías sobre el desarrollo de la inteligencia en el niño, integrando conocimientos que se trataban de forma independiente y teniendo presente el concepto de ser biopsicosocial indivisible que somos los humanos.

Luego de su análisis, la autora nota que todas las teorías vistas "coinciden en que el desarrollo es fruto de una compleja interacción entre el ambiente y el organismo y que en el punto inicial del desarrollo de la inteligencia no existe una diferencia entre el yo y el mundo externo; se da todo en un bloque". Y explica que el niño irá desarrollando progresivamente los conceptos de yo, de objeto, de espacio, de causa y de tiempo. Destaca además que uno de los factores ambientales que más interviene en su desarrollo es el propio cuerpo, ya que el conocimiento del mismo y saber diferenciarlo del resto del mundo es una noción mental fundamental para ir construyendo todas las demás.

A partir del tercer mes de vida aparece el interés por el propio cuerpo (que será lo primero que el niño explore). En ese momento el bebé comienza a mirarse las manos y así empieza a descubrir su cuerpo. "La imagen de sí mismo que construye el niño (es decir su identidad) tiene su origen en sus experiencias de todas las sensaciones táctiles, cinestésicas y visuales resultantes de la relación del niño con el mundo", dice el artículo. O sea que el movimiento del propio cuerpo es fundamental para el desarrollo intelectual: "motricidad, sensibilidad y psiquismo están íntimamente unidos. Cuando el niño controla motriz y sensorialmente su cuerpo podrá aprehender y relacionar los elementos de su entorno, es decir seguir desarrollando su inteligencia". Una característica principal del desarrollo cognitivo en la etapa del niño preandante es la superioridad de lo sensorial y lo motor sobre cualquier otro aspecto. Y el juego motor es predominante: el niño juega con sus pies y eso estimula su desarrollo, porque permite la maduración del sistema nervioso y favorece el control neuromuscular, el desarrollo intelectual y las habilidades sociales.

Como dijimos, los pies del recién nacido tienen una sensibilidad táctil mucho más fina que la de sus manos; esto se extiende hasta los 8 ó 9 meses de vida. Por ello, durante este primer tiempo el bebé utiliza los pies para informarse sobre el mundo exterior: toca con ellos todo lo que tiene a su alcance, los manipula y se los lleva a la boca. Ya cerca del año, el pie va perdiendo esta sensibilidad y se inicia otra más profunda: la sensibilidad propioceptiva (la que nos permite saber la posición y el movimiento de las distinas partes de nuestro cuerpo). Pero antes de empezar a caminar, el niño necesitó la información que recibió de las plantas de los pies y de las estructuras profundas (las articulaciones) para poder coordinar los movimientos y lograr el equilibrio.

¿Por qué es importante poder experimentar con los pies? Porque tomar con las manos los propios pies produce experiencias sobre los límites del propio cuerpo, nuevas sensaciones, y como consecuencia aumenta el desarrollo cognitivo. De esta forma, los pies descalzos y los pies llevados a la boca contribuyen a la madurez de la propiocepción y exterocepción (la percepción de los estímulos provenientes del exterior).

Es por eso que no debemos reprimir la sensibilidad táctil de los pies calzándolos, pues informan del mundo exterior, transmitiendo sensaciones de temperatura y texturas que favorecen el desarrollo del niño. En cambio, se debe cuidar y potenciar la libertad de los movimientos de los dedos y de los pies que a esta edad, como órgano táctil, se mueven mucho. El niño necesita tener la oportunidad de tener la planta del pie en contacto con superficies irregulares ya que esto estimula las sensaciones cinestésicas y los reflejos posturales: necesita el estímulo táctil, de presiones y de irregularidades del terreno para desarrollar la propiocepción, mejorar la posición de las articulaciones y reforzar la musculatura.

La autora concluye que en esta etapa el calzado no tiene justificación de ser usado, ya que el calzado impide recibir sensaciones y añade un peso excesivo a los pies impidiendo el movimiento, y además puede causar lesiones. Bajo esta luz, el movimiento de autodefensa que utilizan los niños de descalzarse en cuanto pueden adquiere un mayor significado que el que antes interpretábamos. El trabajo finaliza: "No debemos poner impedimentos al desarrollo propioceptivo, neuromuscular e intelectual del niño encerrando sus pies en un calzado que no necesita. Al contrario, se deberá estimular a los niños a disfrutar de su cuerpo y de su motricidad con los pies descalzos".

Una prenda menos para tener en cuenta a la hora de vestir a nuestros pequeños, que redundará en muchos más beneficios para ellos. Tan sólo cuando las temperaturas son muy bajas, puede ser preciso proteger sus piececitos del frío; en este caso, conviene procurar que lo que le pongamos en los pies reproduzca tan fielmente como sea posible las condiciones del pie descalzo: unos zapatitos blandos, flexibles, o unos buenos calcetines de lana, seguramente podrán cumplir esta función.

Referencias:
El artículo "Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes”, de Isabel Gentil García, está disponible en http://revistas.ucm.es/enf/18877249/articulos/RICP0707120027A.PDF


Sobre Cecilia Galli Guevara
Cecilia Galli Guevara es periodista, escritora y madre de tres hijos. Es argentina y vive en Estados Unidos con su familia.

Documentos de Cecilia Galli Guevara publicados en Crianza Natural

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