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El síndrome del niño hiperregalado

Publicado el martes, 08 de marzo de 2011. Autor: Cecilia Galli Guevara

Vivimos corriendo. Del trabajo a casa, y de casa al trabajo. En el medio, nos ocupamos de que nuestros hogares funcionen, de tener la ropa limpia, de que no falte la comida... Y de nuestros hijos. Frente a la imposibilidad de hacer todo, frente a la falta de tiempo, vamos robándoles las horas a los chicos; total, ellos no pueden echarnos del trabajo y pueden esperar a que terminemos con la casa y el resto de las obligaciones que colman nuestros días. Nos repetimos que lo que vale es la calidad del tiempo que les dediquemos, no la cantidad. Que con jugar “en exclusiva” media hora por día, alcanza. Y les explicamos que mamá y papá deben trabajar mucho para pagar por la casa, el colegio, la comida, la ropa y la enorme cantidad de juguetes que los divierten y los enorgullecen frente a sus pares… pero los juguetes no pueden darles cariño.

¿Qué hemos hecho? En muchos casos, hemos reemplazado a mamá y papá con objetos. Que llenan a nuestros pequeños de gratificación, pero sólo momentáneamente, y que además les refuerzan el concepto tan fijado en nuestra sociedad de que somos lo que tenemos y valemos según lo que somos capaces de conseguir. Los niños piden y exigen juguetes, a los que sólo prestan atención por un rato: debido a la gran cantidad de cosas que poseen, sólo pueden entusiasmarse por un rato, mientras dure el deseo. Sucede que cuando el deseo por la inmediatez, el "quiero eso ya" se satisface, el niño deja de desear lo que obtuvo y empieza a querer otra cosa.

Cristina Ramírez Roa, profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Barcelona, ha estudiado este fenómeno, que llama "el síndrome del niño hiperregalado". Según explica, son “niños con baja tolerancia a la frustración, porque les hemos llenado de presentes, de gratificaciones, sin razón alguna. Son niños que valoran muy poco lo que tienen porque no necesitan esforzarse para conseguirlo; niños muy mercantilistas, que catalogan a las personas por el precio del regalo que les hacen pero no por su valor emocional y afectivo; a los que cuando les das algo, inmediatamente piensan en lo próximo que conseguirán”.

Ocurre que como no consiguen lo que realmente necesitan, nunca se sentirán satisfechos, y continuarán reclamando más y más objetos. Quizás valga que nos preguntemos aquí si no estaremos formando personas adictas a lo material, que consumen para llenar un vacío que paradójicamente no pueden llenar con objetos.

¿Pero qué es lo que los niños quieren de verdad? ¿Qué es lo que piden, reclaman, exigen los niños, detrás de la montaña de juguetes? ¿Qué es lo que están reemplazando con objetos? Posiblemente, lo que nosotros les hemos enseñado a suplir con ellos: nuestra presencia. Les hemos enseñado que no pueden tener a su madre y a su padre tanto como ellos quieren (y necesitan), pero que en sustitución pueden aspirar a obtener unas migajas de nosotros mismos, los bienes materiales, que compramos con nuestro esfuerzo.

Mamá, ¿quieres jugar un ratito conmigo?

En muchos casos, el niño hiperregalado aprende a no pedir tiempo de sus padres: sabe que están demasiado ocupados con quehaceres más importantes, y por ende no pueden dedicarse a sus hijos. Esto quizás es lo más triste del problema: ya desde pequeños sienten que no son importantes, porque es lo que sus padres, sus principales referentes en la vida, les estamos mostrando.

La necesidad de juguetes puede ser, entonces, un síntoma, más que una enfermedad. Donde el verdadero diagnóstico es la manera en que nuestra sociedad se ha organizado, bajo cuyas reglas nosotros, sus padres, hemos aceptado funcionar.

En esta dinámica, los medios de comunicación son nuestro mayor aliado: ya ni siquiera necesitamos escuchar las demandas de nuestros pequeños. Porque basta con mirar durante unos minutos el canal de televisión que ellos miran para tener a nuestra disposición el menú de los objetos del deseo infantil: la muñeca de moda, la pista para autos que se lleva, el juego familiar que todos tienen la ilusión de compartir, pero al que nunca jugaremos con ellos.

Es así como damos, a cambio de su silencio: "Toma tu muñeca, cariño, y ahora deja que mami atienda al ordenador por una hora más". Lo cierto es que este puede ser el camino más fácil… sólo a corto plazo.

Aquí cabe una pregunta clave, que puede implicar un cambio en nuestro estilo de vida: ¿no es posible que, al necesitar menos bienes materiales, necesitemos menos tiempo de trabajo? Si no gastáramos tanto dinero en juguetes, podríamos trabajar menos tiempo, lo que nos daría más horas para estar con la familia. Si se transforma el círculo vicioso del consumismo en el círculo virtuoso del tiempo compartido, seguramente los niños dejen de pedir tantos juguetes, porque tendrán lo que siempre quisieron: la atención de sus padres.

Quizás podemos pensar que los niños nos guían a los adultos a ponernos en contacto con la verdadera naturaleza del ser humano y nos traen el mensaje de que podemos vivir con menos, y vivir mejor.

Regálame tu tiempo

Durante las navidades pasadas, con la crisis económica como escenario, muchos se plantearon aprovechar el momento para revertir el síndrome del niño hiperregalado: dar menos juguetes, y brindarnos más a nosotros mismos.

También la profesora Cristina Ramírez Roa propone seguir regalando a los niños, pero regalarles tiempo: "algo que no cuesta nada pero que supone más esfuerzo". Propone además darles cosas más gratificantes para ellos, como por ejemplo un paseo, o un juego de mesa que se compartirá en familia. Y que, aprovechando la crisis, se elijan dos o tres regalos (juguetes), y que los niños aprendan a valorarlos.

En un mundo que nos tironea de un lado a otro, quizás sea el momento de volver a ordenar nuestras prioridades y recordar que quienes importan más son esas personas que estamos formando en nuestros hogares y que necesitan nuestro tiempo: en calidad y también en cantidad.

Más información:

Entrevista con Cristina Ramírez Roa


Sobre Cecilia Galli Guevara
Cecilia Galli Guevara es periodista, escritora y madre de tres hijos. Es argentina y vive en Estados Unidos con su familia.

Documentos de Cecilia Galli Guevara publicados en Crianza Natural

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