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Cuando necesitan una siesta, pero no la quieren echar

Publicado el miércoles, 10 de marzo de 2010. Autor: Elizabeth Pantley

Las siestas duran solo unas horas, pero pueden afectar a las veinticuatro horas de la jornada de un niño. Las siestas pueden mejorar el humor de un niño y hacer que sienta menos irritable, reduciendo los episodios de llanto y las rabietas. Los estudios muestran que los niños que echan la siesta a diario enferman menos a menudo, crecen más, y tienen menos probabilidades de ser obesos en la edad adulta. Las siestas mejoran la atención y el desarrollo cerebral. También pueden ayudar a compensar, si alguna noche el niño o niña ha dormido menos horas de lo habitual. Una reducción de solo una hora en el total de horas de sueño puede tener un efecto negativo sobre el niño, limitar su capacidad de estar alerta, su función cerebral, y producirle cansancio e irritación.

Hay muchas ideas para ayudar a un niño a echar la siesta, pero la solución no va enfocada a la razón por la que ese niño no echa la siesta, ni la mejor idea del mundo funcione en tu caso. No todos los bebés o los niños pequeños rechazan la siesta por el mismo motivo, sino que puede haber cientos de razones diferentes. Antes de que te decidas por una solución, es necesario que comprendas los motivos de tu hijo o hija. Una vez que veas clara la causa por la que tu hijo o hija no echa la siesta, podréis trazar un plan para superar esa resistencia. Aquí tienes algunas razones típicas por las que los niños no echan la siesta, y sugerencias para resolver cada uno de estos problemas:

Problema: Su horario de siestas habitual se le ha quedado pequeño
Soluciones: Piensa si ha habido cambios en la vida de tu hijo o hija, en su crecimiento y su desarrollo. ¿Ha aprendido a gatear, ha empezado a comer con cuchara, a ir a la guardería, o le cuida una persona nueva? Cualquier cambio puede afectar a sus patrones de sueño. Observa si muestra signos de cansancio entre las siestas y ajusta su horario para satisfacer sus necesidades.

Problema: El horario de siestas no se ajusta al reloj biológico del bebé
Soluciones: El horario de siestas, la hora de ir a dormir por la noche, el horario de comidas, la exposición a la luz y la oscuridad, y la actividad pueden afectar al reloj biológico del niño. Observa el horario cotidiano de tu hijo o hija para asegurarte de que estas cosas ocurren a horas razonables cada día. Ciertas actividades, en momentos inoportunos (como jugar con la luz encendida antes de ir a la cama) pueden afectar al ritmo del niño.

Problema: El horario de siestas es diferente cada día
Soluciones: Si durante la semana las siestas, la hora de ir a dormir y la hora de levantarse son las mismas, pero el fin de semana cambian, el bebé o el niño puede sufrir un constante desfase horario. También pueden afectarle otras diferencias, por ejemplo si echa la siesta a una hora determinada en la guardería, y en cambio en casa lo hace a una hora diferente, o si se echa una siesta larga algunos días cuando está en casa, pero cuando estáis fuera solo se echa un sueñecito en el coche, o no duerme nada en absoluto. Fija un posible horario de siestas adecuado para tu hijo o hija y haz lo posible por mantenerlo, con una variación de un máximo de media hora en los horarios que hayas previsto.

Problema: El niño está demasiado cansado a la hora de la siesta
Soluciones: Si no atiendes los signos de fatiga de tu hijo o hija, se le puede pasar rápidamente la hora y "pasarse de vueltas", es decir, entrar en ese estado de energía artificial que a menudo viene acompañado de más llanto, más demandas y más rabietas de lo habitual. Si desatiendes los signos tempranos de cansancio y sueño del niño, es probable que le resulte muy difícil relajarse cuando por fin lo lleves a la cama.

Para descubrir los signos de sueño de tu hijo o hija, puede ayudarte observarlo durante la primera hora después de levantarse por la mañana, cuando ha descansado bien. Compara su estado en ese momento y su comportamiento durante la hora que va desde la cena hasta el momento de ir a la cama, cuando la mayoría de los niños muestran signos de fatiga. Observa cómo cambia su comportamiento y su lenguaje corporal cuando se acerca su hora habitual de ir a la cama, comparado con los momentos en que está fresco y alerta. Plantéate como objetivo poner a tu hijo a echar la siesta en cuanto muestre esos signos de fatiga. Un niño cansado se dormirá fácilmente y descansará más y mejor.

Problema: Dependencia de algún tipo de ayuda para dormir
Soluciones: Si un niño está acostumbrado a dormirse de una forma determinada, puede que si tratas de ponerlo a echar la siesta en condiciones diferentes no pueda conseguirlo. Para comprender la necesidad de asociación del niño puedes pensar en lo que probablemente te ocurra a ti cuando tienes que dormir en un lugar distinto. Es posible que duermas bien en tu cama, pero te resulte difícil dormir en un hotel, o en otra casa. Para algunos niños, la asociación es tan fuerte que pretender que duerma bajo otras condiciones podría compararse con pedirte que durmieras en una montaña rusa.

Las asociaciones más comunes son tomar el pecho o el biberón para dormir, ser acunado en unos brazos amorosos, o dormir balanceado en una hamaca o una silla de auto. Estos son lugares maravillosos y tranquilizantes para que un niño eche la siesta, pero cuando se convierten en indispensables par dormir es probable que supongan un problema para el padre o la madre que ayuda a dormir al niño. Estas asociaciones suelen ser tan necesarias para que el niño se duerma que superan cualquier otra razón o solución. Como son temas tan complicados, dedicamos un capítulo de este libro a cada una de estas asociaciones.

Problema: Microsiestas furtivas
Soluciones: La primera fase del sueño puede durar sólo cinco minutos y puede reducir la sensación de sueño, justo lo suficiente para desvelarse. Si el niño está cansado y está echado en el sofá o va en el coche, es posible que desconecte y se duerma durante unos minutos. Esta microsiesta no le proporciona al niño los plenos beneficios de una verdadera siesta, pero puede ser suficiente para refrescarlo e impedir que pueda volver a dormirse si luego lo pones a echar una siesta en la cama.

Para evitar este problema, intenta no poner al niño en un entorno que propicie el sueño, como un trayecto en coche, a una hora en que probablemente lo que necesita es una siesta, a no ser que puedas dejarlo ahí para echar una larga siesta.

Problema: Problemas de salud
Soluciones: Si el niño está molesto por cualquier problema de salud, puede que afecte a su sueño. Las alergias y el asma son dos de las enfermedades más comunes en la infancia, y ambas pueden impedir que el niño pueda respirar bien estando tumbado. Los cólicos, el reflujo, las infecciones de oído, la erupción de los dientes son otras molestias que impiden que el niño duerma bien.

Si tu hijo o hija sufre de cualquier problema médico, echar buenas siestas será especialmente importante para su salud. Si es el caso, te será de gran ayuda ser muy flexible y abierto a cualquier solución que funcione para tu hijo o hija. Deja de lado cualquier idea de que tu hijo o hija debería dormir en un lugar determinado, o de una manera determinada, y abre tu mente a la idea de que cualquier tipo de siesta es mejor que ninguna siesta en absoluto. Al mismo tiempo, habla con varios expertos médicos sobre los problemas de salud de tu hijo o hija, y busca las mejores soluciones para su caso.

Ideas para animar a la siesta
Independientemente del motivo por el que tu hijo o hija no eche la siesta, hay algunos puntos específicos que pueden ser de ayuda para animar a tu hijo o hija a dormir la siesta con regularidad. Ten en mente estos principios básicos:

  • Mantén un horario diario adaptado al reloj interno de tu hijo o hija. Crea un esquema predecible de rutinas diarias, con comidas y horas de sueño aproximadamente a la misma hora.
  • Modifica tu horario de acuerdo con los signos de sueño del niño. No importa lo que diga el reloj: es hora de dormir cuando el niño se queda tranquilo, pierde interés en los juguetes o el juego, se muestra irritable, tiene la mirada perdida, se frota los ojos o las orejas, y, por supuesto, si empieza a bostezar.
  • Piensa en una rutina previa a la siesta para hacer ver a tu hijo o hija que se acerca la hora de la siesta y ayudarle a reducir el ritmo y relajarse.
  • Prepara un lugar para dormir que le resulte acogedor y prepara la escena para el sueño. Ponle al niño ropa cómoda para dormir.
  • Procura que las mañanas sean brillantes y activas, y que la media hora antes de cada siesta sea un momento de calma, luz baja y tranquilidad.

Recuerda que no puedes obligar a un niño a dormir, pero sí que puedes seguir los esquemas básicos de la biología, observar las señales de sueño de tu hijo o hija, y crear un escenario que invite a la relajación y al sueño.

Fragmento extraído de The No-Cry Nap Solution: Guaranteed Gentle Ways to Solve All Your Naptime Problems, de Elizabeth Pantley, McGraw-Hill, enero de 2009.


Sobre Elizabeth Pantley
Elizabeth Pantley es una popular escritora sobre temas de educación y sueño infantil. Autora de ocho libros traducidos a 18 idiomas, actualmente dirige Better Beginnings, una empresa familiar sobre educación.

Documentos de Elizabeth Pantley publicados en Crianza Natural

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