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Parir cantando

Publicado el lunes, 15 de febrero de 2010. Autor: Gabriella Bianco

¿Quién puede comer por ti? Nadie, es obvio.
¿Quién puede dormir por ti? Nadie, otra vez.
¿Y quién puede parir en tu lugar? Nadie.
Realmente nadie más que tu. Tú y solamente tú.
En el momento en el que puedas interiorizar este concepto fundamental
resolverás cada uno de tus problemas y dejarás de buscar
a una persona o un lugar para dar a luz.
Entenderás entonces
que hay una sola cosa que hacer:
quedarte cerca de ti misma (1)
Frédérick Leboyer

Conocí el canto carnático en 2007 durante uno de mis viajes a Italia. Sabía que Mª Grazia Billone, amiga y matrona independiente, acompañaba desde hacía algunos años a las mujeres que así lo deseaban a parir cantando, según las enseñanzas del ginecólogo francés Frédérick Leboyer. Las mujeres terminaban cantando durante todo el trabajo de parto, tanto en partos domiciliarios como hospitalarios. Había tenido oportunidad de escuchar hablar a Mª Grazia de los beneficios del canto en el proceso del parto y para la salud del periné femenino. Sin embargo no le di demasiada importancia hasta algunos meses después, cuando me encontré en la cocina de la casa de una amiga, que estaba a punto de parir acompañada por esta sabia "matrona cantarina".

Quedé admirada viendo como la futura madre, aparentemente tan pequeña y frágil, no dejaba de cantar durante horas, incluso durante las contracciones más intensas, sin inmutarse. Además seguía preparando una infusión, comiendo una galleta o conversando entre contracción y contracción. Dio a luz de forma intensa y totalmente fisiológica a una preciosa niña, a quien puso inmediatamente sobre su pecho entre risas y lágrimas de emoción, en un ambiente cálido y sombrío, con el sonido de la tamboora (el instrumento hindú que acompaña el canto carnático) como música de fondo. Alumbró la placenta al cabo de 10 minutos sin intervención alguna, y quedó unida a la bebé hasta que ella estuvo preparada para asumir la separación de quienes había sido su nutricia y alidada compañera desde su concepción y durante todo el tiempo de su vida intrauterina. Fue entonces cuando el cordón se rompió, separando la bebé de su placenta, a los dos días del nacimiento de la pequeña Sarah.

Tras esta experiencia no supe cómo seguir poniendo excusas acerca de mi torpeza musical, así que acepté con humildad y algo dudosa el regalo de la enseñanza del canto carnático por parte de Mª Grazia, a la cual hoy estoy profundamente agradecida por iniciarme en este arte milenario. Me comprometí a transmitirlo a las mujeres embarazadas, allí donde fuera que me llevara la vida.

El canto carnático es un canto tradicional del sur de la India, introducido y transmitido en Europa a principio de los años 60 por el obstetra francés Frédérick Leboyer.

En uno de sus viajes al sur de la India, Leboyer fue observando cómo las mujeres embarazadas se reunían regularmente para meditar. Si bien la meditación es una práctica muy propia de la cultura hindú, esta meditación presentaba una peculiaridad que llamó la atención del padre del parto sin violencia: el canto coral, rítmico y repetitivo. Su curiosidad le indujo a investigar más acerca del canto carnático y sus beneficios para la mujer y el bebé durante el nacimiento, antes de aprender esta técnica y decidir proponerla a las mujeres europeas una vez de vuelta a Francia.

El canto carnático se articula en vocalizaciones muy poderosas para la mujer que empieza a cantar desde los primeros meses del embarazo. Vocalizando todos los sonidos de forma repetida la mujer toma conciencia de la respiración abdominal, tan importante durante el embarazo y, al mismo tiempo, tan difícil de reencontrar tras años de tensión muscular en la zona del vientre, hogar de nuestras emociones infantiles más profundas.

Me gustaría mencionar que la respiración profunda y abdominal es la que experimentamos y vamos conociendo tras nuestras primeras respiraciones, al poco tiempo de nacer, y que solemos desaprender a lo largo de la vida.

Además de la zona abdominal, el canto carnático estimula la garganta. Gracias a las vocalizaciones podemos darnos cuenta de la calidad de relajación y abertura de la misma. Sabemos que la garganta y el canal vaginal están fuertemente conectados tanto a nivel celular como energético (2). Garganta y canal vaginal "se contagian" mutuamente: si la garganta está distendida y abierta también lo estarán el cuello del útero y el periné; si la garganta está contraída lo mismo ocurrirá en la región vaginal.

Facilitar el contacto entre la garganta y los genitales femeninos cuanto antes hace que los efectos sanadores del canto ayuden a mitigar o eliminar los bloqueos psicoemocionales que pueden repercutir de forma negativa durante la fase de "abertura", de "dejar el cuerpo hacer su trabajo", es decir durante el trabajo de parto.

El poder curativo del canto es conocido por todas las antiguas civilizaciones. Cada religión se ha servido del canto para conectar con lo divino (mantras, cantos gregorianos, etc.). Por lo general se trata de cantos corales. El ser humano conoce desde tiempos muy antiguos el inmenso poder vibrador de la voz. Según las religiones más antiguas a cada vocal corresponde un particular efecto sobre el cuerpo y la mente, desencadena emociones e impulsa la sanación. El canto carnático nos introduce a la meditación, haciendo que la parte más racional del cerebro descanse, mientras las ondas cerebrales del estado de vigilia se sustituyen por las ondas típicas del estado meditativo.

Durante el trabajo de parto las mujeres pueden cantar sin cansancio durante horas, creando un mecanismo regenerativo de sus energías, aprendiendo a convivir con las contracciones uterinas y creando una relación positiva con el momento del parto. El cuerpo se deja llevar por las contracciones trabajando a su favor en lugar de entrar en lucha con ellas desde un lugar de tensión y miedo.

Cantando, la mujer expresa a través de la voz su dolor, el dolor que se produce al traspasar un límite nunca cruzado antes, a la vez que se enfrenta a un recorrido desconocido, la transición de mujer a madre. Para una mujer respetada en todo momento del parto en sus tiempos y fisiología, el dolor físico durante el parto representa solamente una mínima parte de todo el camino de transformación.

El canto nos ayuda a quedarnos centradas en nosotras mismas y puede además facilitar la labor del personal que acompaña el proceso de una parturienta desconocida. La mujer logra quedarse plenamente en su vivencia por sus propios medios, sin recurrir a fármacos u otras intervenciones médicas que suelen interferir con el proceso fisiológico del nacimiento. Estos fármacos e intervenciones, a menudo, complican el parto y suscitan vivencias negativas de este momento, que pueden interferir en el establecimiento de un sano vínculo emocional en la díada madre-bebe o en el establecimiento de la lactancia materna.

Tras mi entrenamiento al canto carnático y tres meses de práctica durante una hora diaria, experimenté y comprendí cosas importantes acerca de mi periné y del nacimiento de mi propio hijo. Desde entonces disfruto transmitiendo el arte del canto a las embarazadas que lo desean. Muchas de las mujeres con las que tuve el privilegio y el placer de cantar durante sus embarazos a lo largo de estos últimos años parieron cantando. Algunas parieron con placer y me enseñaron (entre muchas otras cosas) que la melodía de este canto, cantada por ellas a sus bebés, es la mejor nana para relajarles y dormirles dulcemente. Mi única y humilde recomendación: parir cantando no es un modelo de parto a seguir, sino solamente una opción posible.

Notas:

(1) Traducción libre de G. Bianco del libro de Frédérick Leboyer Atmen, singen, gebären, 2008. ("Respirar, cantar, dar a luz").

(2) Según los principios de la medicina tradicional de la India (Ayurveda) la zona del pubis corresponde al primer chakra y la garganta al quinto chakra.


Sobre Gabriella Bianco
Gabriella Bianco es psicóloga y psicoterapeuta, y dirige Mimamemama, un espacio psicoterapéutico femenino donde ofrece atención a los procesos psicoemocionales en la maternidad.

Documentos de Gabriella Bianco publicados en Crianza Natural

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