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Una aproximación natural al alumbramiento

Publicado el martes, 10 de noviembre de 2009. Autor: Sarah Buckley

La visión médica del embarazo y el parto ha calado tanto en nuestra cultura que hemos olvidado el modo en que nacían nuestros antepasados, gracias al cual nuestra especie ha podido sobrevivir durante miles de años. Con la intención, supuestamente, de proteger a madres y bebés de la desgracia y la muerte, la moderna obstetricia occidental se ha olvidado de la Madre Naturaleza, cuyos complejos y elegantes sistemas de nacimiento se ven perturbados por el intervencionismo obstétrico, aunque seamos conscientes de nuestra incapacidad para comprender o controlar esas fuerzas elementales.

La interferencia médica en el embarazo y el parto está bien documentada, y sus secuelas negativas han sido bien estudiadas. No obstante, la gestión médica del alumbramiento (el tiempo que transcurre entre el nacimiento del bebé y la salida de la placenta), es, para mí, la más insidiosa. En el momento en que la Madre Naturaleza ha previsto sobrecogimiento y éxtasis, nosotros ponemos inyecciones, examinamos al bebé, pinzamos el cordón umbilical y tiramos de él. En lugar del calor del cuerpo y el contacto piel con piel, separamos al bebé de su madre y le ponemos ropa. Cuando el tiempo debería quedar detenido en el eterno instante del primer contacto, cuando madre e hijo aprenden a amarse, tenemos prisa por extraer la placenta y limpiar para que pase "la siguiente".

La gestión médica del alumbramiento, que en la última década se la llevado un paso más allá con la popularización del llamado "manejo activo del alumbramiento" (ver más abajo) conlleva ciertos riesgos para la madre y el bebé. Aunque muchas de las intervenciones pretenden reducir el riesgo de hemorragia materna postparto (HPP), que puede ser un asunto grave, parece que, como ocurre con la gestión activa del parto, en realidad puede propiciar muchos de los problemas que supuestamente quiere evitar.

El manejo activo también genera problemas específicos a la madre y al bebé. En particular, el bebé se ve privado de hasta la mitad del volumen sanguíneo que debería llegarle. Esta sangre extra, que debería fluir hacia los pulmones (que empiezan a funcionar en este momento) y otros órganos vitales, se desecha junto con la placenta, con posibles secuelas como dificultades respiratorias y anemia, sobre todo cuando se trata de bebés vulnerables.

Los medicamentos que se usan en el manejo activo tienen riesgos documentados para la madre, incluida la muerte, y no conocemos sus efectos a largo plazo para el bebé, sobre todo habida cuenta de su importancia, ya que se aplican en un período crítico para su desarrollo cerebral.

Las hormonas en el alumbramiento

Como mamíferos que somos, porque tenemos glándulas mamarias que producen leche para nuestras crías, compartimos casi todas las características del parto con los demás mamíferos. Tenemos en común la compleja orquestación de las hormonas del parto, que se producen en las profundidades de nuestro cerebro mamífero para ayudarnos y, en último extremo, garantizar la supervivencia de nuestras crías.

En el parto, nos ayudan tres sistemas hormonales propios de los mamíferos, cada uno de los cuales desempeña un importante papel en el alumbramiento. La hormona oxitocina produce las contracciones uterinas del parto, y a la vez nos ayuda a poner en marcha nuestro comportamiento materno instintivo. Las endorfinas, los opiáceos naturales del cuerpo, producen un estado alterado de conciencia y nos ayudan a transformar el dolor, y las hormonas adrenalina y noradrenalina (epinefrina y norepinefrina, también llamadas catecolaminas o CAs), responsables de nuestros reflejos de lucha o huida, nos proporcionan el pico de energía que necesitamos para pujar y dar a luz a nuestros bebés durante el expulsivo, o segunda fase del parto.

Durante la tercera fase del parto, el alumbramiento, continúan las fuertes contracciones uterinas a intervalos regulares, bajo la fuerte influencia de la oxitocina. Las fibras musculares uterinas se acortan o retraen con cada contracción, reduciendo de forma gradual el tamaño del útero, lo que ayuda a que se desprenda la placenta de la pared uterina. La tercera fase se completa cuando la madre alumbra la placenta que alimentó al bebé durante la gestación.

Para la madre, el alumbramiento es el momento en que recibe la recompensa de su trabajo de parto. La Madre Naturaleza le proporciona un pico máximo de oxitocina, la hormona del amor, y de endorfinas, las hormonas del placer, que bañan tanto a la madre como al bebé. El contacto piel con piel y los primeros intentos del bebé de afianzarse al pecho aumentan los niveles de oxitocina materna, refuerzan las contracciones uterinas, que ayudarán a que se desprenda la placenta y a que el útero se contraiga. De este modo, la oxitocina actúa para prevenir la hemorragia, así como para establecer, en concierto con las demás hormonas, el estrecho vínculo que va a garantizar el cuidado y protección por parte de la madre, y la supervivencia de su hijo.

En este momento, los altos niveles de adrenalina de la segunda fase, que han mantenido a la madre y al bebé con los ojos bien abiertos, preparados para su primer contacto, van a caer, y hace falta un ambiente muy caldeado para contrarrestar el frío –y los escalofríos– que siente la mujer cuando caen sus niveles de adrenalina. Si el entorno no está bien caldeado, o algo distrae o molesta a la madre, los niveles altos de adrenalina se van a mantener y van a contrarrestar los efectos beneficiosos de la oxitocina sobre el útero, incrementando el riesgo de hemorragia.(1)

Asimismo, para el bebé es fundamental poder reducir su adrenalina y noradrenalina, que habían subido a un pico al nacer. Si se separa al bebé de su madre, estas hormonas no pueden verse suavizadas por el contacto con la madre, y el bebé puede caer en un shock psicológico que, de acuerdo con Joseph Chilton Pearce, va a impedir la activación de funciones cerebrales específicas que la naturaleza había programado para este momento. Pearce piensa que la separación de la madre y el bebé después del nacimiento es "el acontecimiento más devastador de la vida, y nos deja mutilados emocional y psicológicamente".(2)

Cabe preguntarse si la moderna epidemia de estrés, un término inventado por los investigadores a principios del siglo XX, y de enfermedades relacionadas con el estrés en nuestra cultura, podría ser una consecuencia más de estas prácticas comunes en el nacimiento. Es plausible desde el punto de vista científico que nuestro eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA), que regula las respuestas a largo plazo al estrés y la función inmune, así como el reflejo de lucha o huida a corto plazo, se vea perturbado por el continuo nivel elevado de hormonas del estrés que se producen cuando los recién nacidos son separados de sus madres por rutina.

Michel Odent, en su revisión de las investigaciones existentes sobre el "período primal" (el tiempo que va desde la concepción hasta el primer año de vida), concluye que la interferencia o disfunción en ese momento afecta al desarrollo de nuestra capacidad de amar, que es particularmente vulnerable alrededor del momento del nacimiento, y está conectada hormonalmente con el sistema de la oxitocina.(3) Las investigaciones de Jacobsen (4, 5) y Raine (6), entre otros, apuntan que tragedias contemporáneas como el suicidio, la adicción a las drogas y los crímenes violentos, pueden estar relacionados con problemas en el período prenatal, como la exposición a drogas, complicaciones del nacimiento y separación o rechazo de la madre.

Quienes asistan al parto en esos momentos tienen el papel crucial de garantizar que los reflejos mamíferos de la mujer están protegidos y reforzados durante el embarazo, el parto, y después. Garantizar el contacto pausado e ininterrumpido entre madre e hijo después del nacimiento, ajustar la temperatura para reconfortar a la madre, facilitar el contacto piel con piel y la lactancia, y no llevarse al bebé por ninguna razón, son prácticas sensibles, intuitivas y seguras, y ayudan a sincronizar nuestro sistema hormonal con nuestra huella genética, de tal forma que proporcionan el máximo éxito y placer tanto a la madre como al bebé en la importante función de la crianza de los hijos.

El bebé, el cordón y el manejo activo

La adaptación a la vida extrauterina es la principal tarea fisiológica que debe realizar el bebé al nacer. En el útero, la placenta realiza las funciones de los pulmones, los riñones y el hígado de nuestros bebés. El flujo sanguíneo a estos órganos es mínimo hasta que el bebé respira por primera vez, momento en que se inician grandes cambios en la organización del sistema circulatorio.

En el cuerpo del bebé, la sangre fluye desde el cordón umbilical y la placenta y, mientras que los pulmones se llenan de aire, la sangre entra en la circulación pulmonar. La Naturaleza garantiza una reserva en el cordón y la placenta, que proporcionan la sangre necesaria para el sistema pulmonar y los demás órganos.

El trasvase de esta reserva de sangre desde la placenta hacia el bebé se produce en una progresión escalonada: la sangre pasa al bebé con cada contracción del alumbramiento, y una parte de esta sangre vuelve a la placenta entre contracción y contracción. El llanto ralentiza la recepción de sangre, que también está controlada por la constricción de los vasos sanguíneos del cordón. Esto indica que cada bebé puede ser capaz de regular la transfusión según sus necesidades individuales.

La gravedad afecta al trasvase de sangre, que será óptimo si el cuerpo del bebé permanece al nivel del útero, o más abajo, hasta que el cordón umbilical deje de latir. Este proceso de "camplaje fisiológico" suele durar unos 3 minutos, pero puede durar más, o puede completarse en solo un minuto. (8)

Este elegante sistema de eficacia comprobada, que garantiza la transfusión de un volumen de sangre óptimo, pero no igual para todos los bebés, no puede actuar si se realiza la práctica habitual de pinzar el cordón a los 30 segundos de nacer.

El pinzamiento inmediato del cordón umbilical ha sido ampliamente adoptado por la obstetricia occidental como parte del conjunto conocido como "manejo activo del alumbramiento". El manejo activo incluye el uso de un agente oxitócico, un medicamento que, como la oxitocina, hace que el útero se contraiga con fuerza, administrado por lo general mediante una inyección en el muslo en cuanto ha nacido el bebé, así como el camplaje inmediato del cordón y la “tracción controlada del cordón”, es decir, tirar del cordón para extraer la placenta tan rápido como sea posible.

Entonces es inevitable actuar con prisa, ya que al cabo de unos pocos minutos la inyección oxitócica producirá contracciones muy fuertes que pueden atrapar la placenta si no ha salido aún, con lo que habrá que retirarla manualmente. También hay quien cree que si el cordón no se pinza antes de que el oxitócico empiece a hacer efecto, el bebé correrá el riesgo de recibir demasiada sangre, bombeada desde la placenta por las potentes contracciones provocadas por el medicamento. La investigación sobre la metilergometrina indica que el uso de un oxitócico acelera la transfusión placentaria hacia el bebé, si bien en este estudio los bebés no recibieron un exceso de sangre.(9)

Aunque el propósito del manejo activo es reducir el riesgo de hemorragia de la madre, "su aceptación y aplicación generalizada no ha ido precedida de estudios que evalúen los efectos de privar a los bebés recién nacidos de un volumen significativo de sangre".(10)

Se estima que el pinzamiento inmediato priva al bebé de 54 a 160 ml de sangre,(11) lo que representa hasta la mitad de su volumen total de sangre al nacer.

Pinzar el cordón antes de que el bebé respire por sí mismo hace que tenga que utilizar sangre de otros órganos para establecer la perfusión pulmonar (el aporte de sangre a los pulmones). Si el niño ya estaba hipovolémico (tiene un bajo volumen de sangre), esta limitación puede resultar fatal. (12)

Si se deja al bebé por encima del útero antes de pinzar (por ejemplo, durante una cesárea), la sangre va a fluir de vuelta a la placenta por acción de la gravedad, por lo que es probable que estos bebés reciban menos volumen de sangre del que sería esperable. La consecuencia de esto puede ser un riesgo mayor de distrés respiratorio. Muchos estudios han mostrado que esta complicación frecuente en los bebés nacidos por cesárea se podría eliminar si se facilitara la transfusión placentaria. (13, 14)

Los bebés a los que se les pinza el cordón inmediatamente también pierden el hierro contenido en la sangre de la que se ven privados. El pinzamiento inmediato se ha relacionado con un riesgo mayor de anemia en la infancia. (15, 16)

Estas secuelas del pinzamiento inmediato ya se conocían en 1801, cuando Erasmus Darwin escribió:

"Otra cosa muy dañina para el niño es que se ate y se corte el cordón demasiado pronto; siempre habría que dejarlo no sólo hasta que el niño haya respirado repetidamente, sino hasta que el cordón deje de latir. De no ser así, el niño será mucho más débil de lo que debería ser, ya que una parte de la sangre que debería llegar al niño se queda en la placenta."(17)

En un estudio, los bebés prematuros a los que se les pinzó el cordón pasados 30 segundos necesitaron menos transfusiones, menos problemas respiratorios severos, mejores niveles de oxígeno, e indicaciones de probables mejores resultados a largo plazo, comparados con los bebés a los que se les había pinzado el cordón inmediatamente. (18)

Algunos estudios han mostrado un aumento del riesgo de policitemia (más glóbulos rojos en la sangre) e ictericia si el cordón se pinza más tarde. La policitemia puede ser beneficiosa, ya que si hay más glóbulos rojos significa que llega más oxígeno a los tejidos. La posibilidad de que la policitemia pueda volver la sangre demasiado espesa (síndrome de hiperviscosidad), que a veces se usa como argumento contra el pinzamiento tardío del cordón umbilical, parece ser inapreciable en bebés sanos. (12)

La ictericia es casi segura cuando un bebé consigue su cuota completa de sangre, y el motivo es la caída del exceso normal de sangre para producir bilirrubina, el pigmento que causa el aspecto amarillento de un bebé con ictericia. No obstante, no hay evidencia de que esta ictericia fisiológica tenga efectos adversos. (12) De hecho, la ictericia, que está presente en casi todos los bebés humanos en mayor o menor grado, puede ser beneficiosa por sus propiedades antioxidantes. (19-20)

El pinzamiento temprano conlleva otro inconveniente más, ya que priva al bebé de la sangre placentaria rica en oxígeno que la Naturaleza ha previsto para abastecer al bebé hasta que la respiración esté bien establecida. En situaciones de distrés extremo, por ejemplo, si el bebé tarda varios minutos en respirar, esta reserva de sangre oxigenada puede salvar su vida, pero, paradójicamente, es habitual cortar el cordón inmediatamente cuando es necesario practicar una resucitación neonatal.

Cuando el cordón está intacto, la circulación placentaria actúa como conductor de cualquier medicamento que se le administre a la madre, ya sea durante el embarazo, el parto o el alumbramiento. Garrison (comunicación personal) refiere que la naxolona, que a veces necesita el bebé para contrarrestar el efecto sedante de analgésicos administrados a la madre durante el parto como la petidina o meperidina (Demerol® o Dolantina®), se puede administrar a través de la madre durante el alumbramiento, de manera que despierta al bebé recién nacido en cuestión de segundos.

El reciente descubrimiento de las propiedades sorprendentes del cordón umbilical, en particular las células madre que contiene, subraya la necesidad de garantizar que todos los bebés reciban su cuota al completo. Estas células son únicas para esta etapa de desarrollo, y van a migrar hacia los huesos del bebé (a la médula ósea) poco después del nacimiento, transformándose en varios tipos de células madre hematopoyéticas, es decir, generadoras de nuevas células sanguíneas.

La recogida de la sangre del cordón umbilical, que se viene promoviendo para abastecer los bancos de sangre del cordón para el futuro tratamiento de niños con leucemia, implica el pinzamiento inmediato del cordón, y el bebé al que estaba destinada puede verse privado de hasta 100 ml de esta sangre extraordinaria que le pertenecía. Quizás esto podría justificarse si se practica un manejo activo del alumbramiento, y si la sangre del cordón umbilical se desecharía, pero, por desgracia, la donación de cordón es incompatible con un alumbramiento fisiológico (natural).

El manejo activo y la madre

El manejo activo del alumbramiento (oxitócicos, pinzamiento inmediato y tracción controlada del cordón) representa un paso más en las interferencias que se introdujeron a mediados del siglo XVII, cuando algunos médicos varones comenzaron a atender partos y confinaron a la mujer a la cama. En aquella época, el pinzamiento del cordón se empezó a practicar para proteger la ropa de cama.

El primero en recomendar tirar del cordón fue Mauriceau en 1673, por miedo a que el útero se pudiera cerrar antes de que la placenta hubiera salido espontáneamente.(21) De hecho, la posición tumbada, que se adoptaba cada vez más cuando quien asistía al parto era un médico, hacía menos probable el alumbramiento espontáneo de la placenta. En cambio, las posiciones verticales que mujeres y comadronas habían adoptado tradicionalmente facilitaban la caída de la placenta con ayuda de la gravedad.

Los primeros oxitócicos usados como medicamentos fueron los alcaloides derivados del cornezuelo del centeno, un hongo parásito de este cereal. Se sabe que las comadronas europeas de los siglos XVII y XVIII utilizaban estos alcaloides llamados "ergóticos", aunque de forma limitada debido a su toxicidad. En la década de 1930, del cornezuelo del centeno se refinó la ergometrina, y hacia finales de 1940 algunos médicos empezaron a usarlo de forma preventiva o terapéutica para la hemorragia postparto.(21) Entre los efectos potenciales de los alcaloides derivados del cornezuelo del centeno cabe citar los siguientes: aumento de la presión sanguínea, vómitos, dolor de cabeza, palpitaciones, hemorragia cerebral, parada cardíaca, convulsiones e incluso la muerte.

La oxitocina sintética, que imita los efectos de la oxitocina natural sobre el útero de la mujer embarazada, se registró por primera vez en los años cincuenta, y ha sustituido casi por completo a la ergometrina, aunque se sigue usando un medicamento que combina ambas (la sintometrina) para las hemorragias graves. La oxitocina sintética produce un aumento de la intensidad de las contracciones, mientras que la ergometrina causa una larga contracción tónica, que también aumenta las posibilidades de atrapar la placenta en el interior del útero. La ergometrina, además, interfiere en el desprendimiento de la placenta, aumentando el riesgo de que el desprendimiento sea solo parcial.(22)

Recientemente, el manejo activo se ha convertido en "el manejo de rutina para las mujeres que esperan un solo bebé, por parto vaginal, en la maternidad de un hospital"(23) sobre todo por los resultados del reciente ensayo Hinchingbrooke, que comparaba el manejo activo frente al manejo "expectante" (fisiológico).

En este ensayo, en el que participaron solo mujeres con bajo riesgo de hemorragia, el manejo activo se asoció con hemorragias postparto (de más de 500 ml) en un 6,8%, frente al 16,5% en el manejo expectante (fisiológico). Se dieron pocos casos de hemorragias graves (de más de 1000 ml) en ambos grupos: 1,7% en el grupo de manejo activo, y 2,6% en el de manejo expectante. (24)

Los autores observan que, según esto, diez mujeres tendrían que someterse a un manejo activo para prevenir un caso de hemorragia postparto, y añaden:

"Algunas mujeres pueden considerar que merece la pena asumir un pequeño riesgo personal de hemorragia postparto de poca importancia, comparado con una intervención en un parto sin complicaciones, mientras que otras pueden preferir adoptar todas las precauciones para reducir el riesgo de hemorragia postparto".(25)

Al leer este estudio, cabe preguntarse cómo es posible que casi 1 de cada 6 mujeres sufran hemorragias tras un parto "fisiológico", y si uno o más componentes de las prácticas obstétricas occidentales no podría influir en ese alto índice de hemorragias.

Botha atendió a más de 26000 mujeres bantú a lo largo de 10 años, y refiere que "la retención placentaria se produjo en muy pocos casos, y nunca hubo que realizar una transfusión de sangre por una hemorragia postparto".(26) Las mujeres bantú dan a luz en cuclillas, tanto al bebé como la placenta, y nadie se ocupa del cordón hasta que la placenta sale por sí misma por acción de la gravedad.

Hay alguna evidencia de que la práctica del pinzamiento del cordón, que no practican las culturas indígenas, contribuye tanto a la hemorragia postparto como a la retención de la placenta, debido a que una cantidad de unos 100 ml (como describíamos más arriba) queda retenida dentro de la placenta. Esto incrementa el volumen de la placenta, de modo que el útero no puede contraerse de forma eficaz, y es más difícil expulsarla.(27)

Otras prácticas occidentales pueden propiciar una hemorragia postparto: el uso de oxitocina para inducir o acelerar el parto (28, 29), un episiotomía u otro traumatismo perineal, el uso de fórceps, la cesárea o cesárea previa, debido a problemas relacionados con la placenta, véase Hemminki (30).

Gilbert observa que las tasas de PPH en su hospital (Reino Unido) se duplicaron entre los años 1969-70 y 1983-85, en que pasaron del 5% al 11%, y concluye que "los cambios en las prácticas de asistencia al parto en los últimos 20 años han tenido como consecuencia un aumento de la hemorragia postparto como problema significativo".(31) En particular, Gilbert relaciona el aumento del riesgo de hemorragia con el uso de oxitocina para inducir o acelerar el parto, el uso de fórceps, una dilatación o un expulsivo prolongado, y el uso de la epidural, que aumenta las posibilidades de necesitar fórceps y de prolongar el expulsivo.

Como vemos, las prácticas occidentales no facilitan la producción de oxitocina de la propia madre, ni se le presta atención a reducir los niveles de adrenalina en los minutos siguientes al nacimiento, que tienen la función fisiológica de aumentar las contracciones uterinas y reducir la hemorragia.

El pinzamiento del cordón, sobre todo si es inmediato, puede hacer que la sangre extra que queda atrapada en la placenta vuelva hacia atrás, a través de la placenta, hacia la corriente sanguínea materna. Esto puede generar una reacción inmune que se puede reactivar en un embarazo posterior, destruyendo las células sanguíneas del bebé y causándole una anemia o incluso la muerte.

El uso de oxitocina, que intensifica las contracciones en la dilatación o en el alumbramiento de la placenta, también se ha relacionado con un aumento del riesgo de hemorragia fetomaterna y problemas de incompatibilidad de grupo sanguíneo. (34, 35)

La Organización Mundial de la Salud, en su publicación de 1996 Cuidados en el parto normal: una guía prática, señala:

"En una población sana (como ocurre en la mayoría de países desarrollados), una hemorragia postparto de hasta 1000 ml puede considerarse como fisiológica y no requiere más tratamiento que la administración de oxitócicos". (36)

En relación a la adminsitración de oxitócicos por rutina y la tracción del cordón, la OMS muestra su cautela:

"La recomendación de una política de este tipo implicaría que los beneficios de este manejo compensarían y hasta superarían los riesgos, incluso riesgos graves aunque poco frecuentes que podrían manifestarse en el futuro". (37)

Decidir un alumbramiento natural

Decidir evitar oxitócicos preventivos, pinzar tardíamente el cordón (en caso de hacerlo) y alumbrar la placenta por ti misma requiere una cierta reflexión previa, compromiso, y contar con profesionales que se sientan cómodos y tengan experiencia con estas prácticas.

No obstante, un alumbramiento natural es más que esto: debemos garantizar el respeto por los procesos emocionales y hormonales de la madre y el bebé, sin olvidar que se trata de un momento único. Michel Odent subraya la importancia de no interrumpir ese momento, ni siquiera con palabras, y cree que lo ideal es que la madre no se sienta observada y pueda desinhibirse en ese primer encuentro con su bebé.(38) Este nivel de no interferencia es poco común, incluso en el propio domicilio o en casas de parto.

El nacimiento de loto (lotus birth), tema central de este libro, nos da la oportunidad de "ralentizar el simulacro de incencio" después del nacimiento, como dice la comadrona canadiense Gloria Lemay, y proporciona a nuestros bebés todos los beneficios físicos y metafísicos del contacto prolongado con la placenta. El nacimiento de loto, como una buena comadrona, también aísla a la madre y el bebé durante las primeras horas y días, asegura su descanso y reduce las visitas al mínimo.

El alumbramiento representa un primer encuentro, y crea una poderosa huella en la relación entre madre e hijo. Cuando ambos se sienten tranquilos y no han recibido medicamentos, están totalmente presentes y alerta, descubren más sobre sí mismos, y descubrimos más sobre los orígenes sagrados de nuestra capacidad de amar.

Referencias

1. Odent M. Position in delivery (carta). Lancet 1990.

2. Pearce JC. Evolution's End: Claiming the Potential of Our Intelligence. San Francisco: Harper San Francisco, 1992.

3. Odent M. New reasons and new ways to study birth physiology. Int J Gynaecol Obstet 2001;75 Suppl 1:S39-45.

4. Jacobson B, et al. Opiate addiction in adult offspring through possible imprinting after obstetric treatment. Br Med J 1990;301(6760):1067-70.

5. Jacobson B, et al. Perinatal origin of adult self-destructive behavior. Acta Psychiatr Scand 1987;76(4):364-71.

6. Raine A, et al. Birth complications combined with early maternal rejection at age 1 year predispose to violent crime at age 18 years. Arch Gen Psychiatry 1994;51(12):984-8.

7. Gunther M. The transfer of blood between baby and placenta in the minutes after birth. Lancet 1957;272(6982):1277-80.

8. Linderkamp O. Placental transfusion: determinants and effects. Clin Perinatol 1982;9(3):559-92.

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10. Pisacane A. Neonatal prevention of iron deficiency. Br Med J 1996;312(7024):136-7, p 136.

11. Usher R, et al. The Blood Volume of the Newborn Infant and Placental Transfusion. Acta Paediatr 1963;52:497-512.

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37. World Health Organisation. Care in Normal Birth: a Practical Guide. Report of a Technical Working Group. Geneva: World Health Organisation, 1996, p 32.

38. Odent M. Don't manage the third stage of labour! Pract Midwife 1998;1(9):31-3.

Este artículo se publicó por primera vez en Lotus Birth Shivam Rachana, Greenwood Press, Melbourne Australia 2000.

Sarah ha publicado una versión ampliada del artículo, que actualiza toda la información y añade datos sobre el almacenamiento de sangre del cordón umbilical, pinzamiento del cordón en caso de cesárea y una lista de recomendaciones para el alumbramiento en su libro Gentle Birth, Gentle Mothering: A Doctor’s Guide to Natural Childbirth and Gentle Early Parenting Choices Celestial Arts, US 2009. Visita www.sarahjbuckley.com para conocer otros trabajos de Sarah y para adquirir su libro.


Sobre Sarah Buckley
Sarah J. Buckley es médico de familia, escritora y madre de cuatro hijos.

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