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Detectar la sordera: cuanto antes mejor

Publicado el miércoles, 23 de septiembre de 2009. Autor: María del Mar Granados López

La sordera es una de esas minusvalías que a simple vista no se puede detectar. Su diagnóstico no es algo sencillo, sobre todo en los primeros años de vida, ya que son los padres, junto con los profesionales, quienes tienen que descubrir que al bebé le pasa algo fuera de lo común y qué es exactamente lo que tiene. El problema en estos casos es que el tiempo juega en contra, ya que cuanto antes se detecte la sordera antes se va a poder estimular la comunicación entre el bebe, sus padres y el resto de la familia, con lo que su desarrollo se verá menos comprometido.

Bien es cierto que cuando llega un bebe a casa, los padres tienen que adaptarse a un nuevo ritmo de vida; tienen que conocer al nuevo miembro de la familia para poder cubrir sus necesidades. El pecho a demanda, el cambio regular de pañales o los baños absorben la mayor parte del tiempo de esos padres que en ningún momento se han planteado que su hijo o hija haya podido nacer con sordera.

Suele ser en torno a los 2 o 3 años cuando se realiza el diagnostico definitivo, pero existen una serie de pistas que pueden servir a los padres para llevar a sus retoños al especialista y que este determine si existe o no un problema.

Primeras señales

En un niño o niña recién nacido es muy complicado saber si oye o no. Podemos decir que si el bebe es muy tranquilo y no se altera, sobresalta ni despierta con los ruidos fuertes que se produzcan en su ambiente, los padres deben mantenerse alerta. Otra de las señales de alarma en menores de 6 meses sería que el bebé no se tranquilizase al oír la voz de su madre (o cualquier miembro de la familia con el que mantenga contacto frecuente) o no le sonriese cuando esta le habla. Si el bebé no gira la cabeza ni busca con la mirada a la persona que está hablando, ni emite sonidos guturales para llamar la atención, también es un signo de sospecha.

Conforme el niño crece es más fácil detectar el problema. A partir de los 6 meses, los niños oyentes empiezan a imitar a los adulto y a realizar sonidos. El niño sordo, no balbucea ni se orienta hacia sonidos. Tampoco comprenden el significado de "adiós" o "no" a no ser que estas palabras vayan acompañadas de un signo gestual. Entre los 12 y 18 meses, no dice "papá" ni "mamá", no nombra objetos cotidianos ni señala algo cuando se le nombra. En estos casos, debe consultarse al especialista. Es cierto que puede que no se trate de sordera ni de otra patología ya que cada bebe lleva su propio ritmo de desarrollo, pero sin embargo, con una simple prueba se puede descubrir si existe o no un problema más gordo y poder actuar a tiempo.

El bebé se hace mayor

Sería motivo de preocupación que un niño a partir de los 18 meses no prestara atención a los cuentos adaptados a su edad, aunque sí la preste a sus dibujos sobre todo si son de colores vivos y brillantes. Si no identifica su nombre, ni hace frases de dos palabras ni comprende ordenes sencillas que no vayan acompañadas de gestos, los padres tienen otro signo de alarma.

A a partir de los 3 años los signos serían evidentes si no entiende las palabras que se le dicen, ni repite frases ni contesta cuando se le preguntan cosas sencillas. A partir de los 4 años, el niño sordo no puede contar lo que le pasa ni es capaz de mantener una conversación sencilla.

La excepción conforma la regla

A pesar de que existen trucos para detectar la sordera, hay veces que es necesario guiarse por la intuición, ya que estos fallan. Es posible que el niño sordo sí responda al "estímulo auditivo" pero sin saber que existe un sonido, ya que este se propaga en el espacio a través de ondas y el pequeño las percibe por otros lugares diferentes al oído; el pecho, la zona del cuerpo sobre la que se encuentra apoyado, la cabeza, etc.

Hay otras ocasiones en que la sordera existe pero sólo afecta a unos sonidos concretos. Es muy probable que el niño tenga más problemas para escuchar en unos ambientes que en otros (por ejemplo, escucha en casa pero no en el parque) o con determinadas personas (escucha a papá pero no a la abuela).

También es frecuente que un niño sordo al jugar realice más ruido (no le molesta el ruido que produce o necesita mas cantidad de ruido para que su oído perciba algo), que sólo cumpla ordenes cuando está mirando a quien se las da y que sobre él recaigan frases como "solo atiende lo que quiere y cuando quiere". Además, estos niños suelen jugar de forma solitaria y en pronunciación encuentran especial dificultad con determinados sonidos (R, S, D, L, J y T).


Sobre María del Mar Granados López
María del Mar Granados López es enfermera por la Universidad de Almería.

Documentos de María del Mar Granados López publicados en Crianza Natural

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